Un científico a bordo de un buque hacia la Antártica: «La paciencia es la madre de la ciencia»
Tiempo de lectura: 3 minutos Juan Höfer, investigador de ICEMELT y académico de la PUCV, relata los desafíos logísticos de la expedición a bordo del «Almirante Viel», primer buque rompehielos construido íntegramente en Chile, que zarpó en su misión científica inaugural.
Nos encontramos en una ventosa Punta Arenas a escasos minutos del zarpe del que será el primer crucero de investigación a bordo del primer rompehielos construido en Chile y operado por la Armada: el nuevo Óscar Viel. Las diferencias entre el buque anterior y éste son más que evidentes, pero han transcurrido ocho años entre la última comisión Antártica del viejo Óscar Viel (2018) y este primer crucero de investigación a bordo del nuevo (2026).
Pensándolo desde la perspectiva de nuestra plataforma de trabajo, son varios los años de gestación hasta alcanzar este hito. Esto nos ayuda a dimensionar las escalas de tiempo a las que nos referimos cuando decimos que desarrollar ciencia antártica necesita de un compromiso a nivel país en el medio-largo plazo. Hacer ciencia en Antártica siempre es complejo, y, además, altamente dependiente de las capacidades logísticas (bases, buques, aeronaves, etc.) que existen dentro del Programa Nacional de Ciencia Antártica.
Esperemos que la incorporación de este nuevo buque rompehielos sirva como impulso para la ciencia antártica nacional, que viene en una clara trayectoria ascendente. También buscamos que se convierta en una plataforma donde entrenar una nueva generación de científicos, quienes, en un futuro cercano, puedan tomar el relevo de quienes han hecho crecer la ciencia antártica nacional durante las dos últimas décadas.
«Esperar es una parte importante en la vida del científico»
Regresando a la expedición que nos trae a bordo del buque, se trata del Crucero CIMAR 1 Antártica, gestionado por el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA). En julio del año pasado, el SHOA abrió un concurso para enviar proyectos de investigación orientados a resolver los objetivos del crucero y así poder participar del mismo. Eso quiere decir que nosotros, como investigadores, disponemos de tres semanas durante las que debemos armar nuestro equipo de trabajo y proyecto de investigación para enviar la propuesta dentro del plazo estipulado.
Tras esa etapa, siempre frenética, toca esperar. Esperar es una parte importante en la vida profesional del científico. Esperamos durante meses, o incluso hasta un año a veces, por el resultado de nuestras postulaciones; esperamos también por las revisiones de nuestros pares cada vez que queremos publicar un trabajo científico, sea en forma de artículo o de libro. Al final, no queda más remedio que acostumbrarse a esperar sin desesperar. Diríamos que es el costo de hacer negocios. Por suerte, en este caso la espera no fue muy larga y en septiembre recibimos la buena noticia de que nos habíamos ganado el proyecto para ir a estudiar el estrecho de Bransfield.
Esta buena noticia nos llenó de alegría, pero sólo durante unos cinco minutos porque a continuación uno se da cuenta de que dispone de unos pocos días para preparar y enviar a Punta Arenas todos los materiales que necesitará a bordo. Es decir, toca hacer compras, empacar y hacer listas de forma frenética para poder enviar las cajas rumbo al sur antes de que el país se paralice durante unos días a causa del Dieciocho.
«La mirada puesta en el estrecho de Bransfield»
Tras varias jornadas maratónicas enviamos los materiales a tiempo y, de nuevo, toca esperar. Eso sí, esta vez la espera se alargó más de lo previsto. Los días se transformaron en semanas y las semanas en meses; hasta ahora, febrero 2026, cuando estamos por fin a bordo del Óscar Viel recibiendo nuestra carga científica.
Ahora toca de nuevo un pulso de actividad frenética para instalar, trincar y probar todos los equipos en el laboratorio a bordo, mientras aún estamos atracados en el puerto porque siempre es mejor hacer esto antes de que el buque se mueva con el meneo del océano. De nuevo, toca esperar mientras se ultiman todos los preparativos del buque que ahora nos permiten zarpar desde Punta Arenas con rumbo al sur y la mirada puesta en el estrecho de Bransfield.