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Alix Cosquer en Congreso Futuro: ¿Por qué el amor por la naturaleza no basta para frenar la pérdida de biodiversidad?

Alix Cosquer en Congreso Futuro: ¿Por qué el amor por la naturaleza no basta para frenar la pérdida de biodiversidad?

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Tiempo de lectura: 2 minutos En su paso por el Congreso Futuro 2026, la investigadora francesa Alix Cosquer advirtió que el amor instintivo por lo vivo no es suficiente para frenar la crisis de biodiversidad.

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La doctora en Biología de la Conservación, Alix Cosquer, invitó a la audiencia de Congreso Futuro 2026 a reflexionar sobre una contradicción: si los seres humanos sienten una afinidad innata por la vida (concepto conocido como biofilia), ¿por qué las sociedades continúan degradando los ecosistemas a un ritmo sin precedentes?

Cosquer, especialista en la relación entre salud humana y biodiversidad, sostiene que los «momentos normales» —el contacto con mascotas, el cuidado de un jardín o caminar bajo los árboles— son la base del bienestar físico y mental. Sin embargo, advierte que estas experiencias se han vuelto fragmentadas y desiguales, lo que impide que el interés individual se transforme en una protección efectiva de la naturaleza.

El concepto de biofilia, popularizado por el biólogo E.O. Wilson, describe la conexión intrínseca entre los procesos vivientes y los seres humanos. Si bien esta idea ha sido clave para integrar la naturaleza en la planificación urbana y la salud pública, Cosquer plantea que el concepto se queda corto frente a los desafíos actuales.

La paradoja de la biofilia y la pérdida de biodiversidad

«La biofilia nos dice que la vida es interesante, pero no nos dice cómo se puede organizar ese interés para transformarlo en acción», explicó la científica. Según la investigadora, el problema es que, mientras la sociedad se transforma a través de nuevas tecnologías y estilos de vida, la biodiversidad disminuye drásticamente. Esta desconexión genera una fragmentación de la experiencia, donde el contacto con el mundo natural es cada vez más escaso y depende excesivamente de lo que tenemos «a mano» en entornos urbanos densos.

Para Cosquer, amar la naturaleza no es un rasgo universal o dado por sentado; es una construcción mediada por la cultura, el contexto económico y las limitaciones sociales. «El interés por la naturaleza está enmarañado con otros aspectos de la vida cotidiana. Es algo complejo que requiere una mirada sistémica«, añadió.

Hacia una acción política y colectiva por el entorno

Uno de los puntos más destacados de su intervención fue el papel de las inequidades socioambientales. Cosquer enfatizó que el acceso a entornos naturales de calidad no es igualitario, lo que genera tensiones políticas y sociales. En este escenario, las soluciones basadas en la naturaleza para las ciudades no solo deben buscar beneficios económicos o climáticos, sino también reducir las brechas de acceso.

La científica propuso que el camino para reconstruir este vínculo no pasa únicamente por el conocimiento académico, sino por la atención y la emoción en espacios compartidos como escuelas y centros de salud. «Apoyar la relación con el mundo viviente significa entender que hay desacuerdos y, en forma colectiva, darles forma», señaló.

La experta hizo un llamado a las instituciones y a la ciudadanía a trabajar de forma conjunta. Para Cosquer, el futuro de la conservación no depende de esfuerzos aislados, sino de reconocer que nuestras relaciones con la naturaleza se construyen de forma política. «Amar la naturaleza por sí sola no basta para resolver el problema de la biodiversidad. La diferencia radica en cómo esta relación se conecta a través de soluciones colectivas y una responsabilidad compartida», concluyó.


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