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Bacterias del desierto de Atacama podrían ayudar a buscar vida en otros planetas

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Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio liderado por investigadoras del CATA analiza los gases de bacterias extremófilas del norte de Chile y su potencial como biofirmas en atmósferas de exoplanetas.

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Un equipo de investigadoras del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA), en colaboración con la Universidad de Atacama, la Universidad de Tarapacá y la Universidad de Antofagasta, lideró un estudio que explora cómo microorganismos del desierto de Atacama podrían aportar pistas clave en la búsqueda de vida fuera del Sistema Solar.

La investigación se centró en la bacteria «Roseovarius sp.«, aislada en el Salar de Llamara, y analizó los gases que produce su metabolismo para evaluar si estas señales podrían detectarse en atmósferas de exoplanetas similares a la Tierra primitiva, mediante herramientas astronómicas.

«Lo más relevante de esta investigación es que conecta directamente el estudio de microorganismos extremófilos del desierto de Atacama con la búsqueda de vida en otros planetas«, explica Valeska Molina, investigadora adscrita del CATA y doctoranda de la Universidad de Atacama, quien lidera el trabajo.

De los microorganismos a las biofirmas

El estudio analizó las señales espectrales de gases como monóxido de carbono (CO) y dióxido de carbono (CO₂), comparándolas con modelos de atmósferas planetarias antiguas. Esto permite evaluar si estos compuestos podrían ser detectados por telescopios como el James Webb Space Telescope (JWST) o futuros instrumentos de próxima generación.

«En la atmósfera actual de la Tierra podemos detectar biofirmas claras, como el oxígeno y el ozono producidos por la fotosíntesis, así como otros gases de origen biológico, como, por ejemplo, metano, óxido nitroso o dimetil sulfuro (fitoplancton marino) que reflejan distintos metabolismos microbianos», explica Bárbara Rojas-Ayala.

El interés por este tipo de bacterias radica en que presentan metabolismos antiguos, como la fotosíntesis anoxigénica, que podrían asemejarse a los procesos biológicos que existieron en los primeros ecosistemas terrestres y en otros mundos con condiciones similares.

El valor de los ambientes extremos

Los resultados también refuerzan la importancia científica de los ecosistemas extremos del norte de Chile, donde microorganismos logran sobrevivir en condiciones de alta salinidad, radiación y escasez de agua.

«Los extremófilos amplían nuestra comprensión de qué tipos de vida pueden existir y en qué condiciones«, afirma Valeska Molina.

Además de su valor para la astrobiología, las investigadoras advierten que estos entornos son frágiles y enfrentan amenazas crecientes, por lo que su estudio y conservación resultan clave tanto para la ciencia como para el patrimonio natural.


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