Científicos chilenos buscan desarrollar paneles con hongos para reemplazar el plumavit
Tiempo de lectura: 2 minutos La investigación del Hub de Innovación de la Universidad Tecnológica Metropolitana utiliza micelios —la estructura filamentosa de los hongos— para desarrollar paneles aislantes biodegradables que podrían sustituir materiales derivados del petróleo.
Un equipo del Hub de Innovación de la UTEM está desarrollando una alternativa sostenible para la construcción basada en micelios de hongos, una innovación que busca reemplazar materiales aislantes convencionales por soluciones biodegradables y de menor impacto ambiental.
La investigación comenzó en 2022, cuando la arquitecta y académica de la UTEM, Suzanne Segeur, quien ya trabajaba en el desarrollo de materiales reciclados y biobasados, decidió impulsar una nueva línea de investigación junto al entonces estudiante Alan Bastías, interesado en estudiar el potencial de los micelios para la construcción.
Tras revisar investigaciones desarrolladas en el extranjero sobre el uso de micelios para fabricar bloques, revestimientos y materiales aislantes, el equipo decidió aprovechar la infraestructura de la universidad para desarrollar una investigación propia, adaptada a las condiciones y necesidades del país.
El objetivo es crear paneles aislantes capaces de reemplazar materiales como el plumavit en las edificaciones, contribuyendo a una construcción más sostenible y reduciendo la dependencia de productos derivados del petróleo. El proyecto ya cuenta con un primer prototipo de 50 x 50 centímetros y cinco centímetros de espesor, que comenzará su etapa de ensayos.
Del laboratorio a la construcción
El desarrollo de estos paneles ha requerido avanzar en distintas líneas de investigación que, de manera complementaria, han permitido consolidar el proyecto.
Una de ellas corresponde al cultivo de micelios que actualmente alcanzó un Nivel de Madurez Tecnológica (TRL) 4, equivalente a una tecnología validada en laboratorio. «Esperamos que a fines de este año podamos validar un TRL 5 o 6, lo que nos permitirá seguir escalando el proyecto y acceder a nuevos fondos para continuar su desarrollo», señala la académica.
El equipo espera que en un plazo máximo de dos años sea posible fabricar módulos habitables utilizando este biomaterial.
El desafío de escalar la innovación
En cuanto al financiamiento, la investigación ha recibido alrededor de 13 millones de pesos provenientes de distintos fondos, un monto significativamente menor al destinado a proyectos similares desarrollados en otros países, donde las inversiones alcanzan cifras millonarias en dólares.
«En esos países estos materiales suelen comercializarse como productos de lujo, por lo que solo un segmento muy reducido puede acceder a ellos. Nuestra intención es distinta: buscamos desarrollar una solución que pueda aportar a una construcción más sostenible y accesible para Chile», afirma Segeur.
Actualmente, el equipo trabaja en optimizar el proceso de producción de los paneles. Como referencia, alrededor de tres kilos de aserrín permiten cultivar un panel de aproximadamente 50 x 50 centímetros y cinco centímetros de espesor, aunque la cantidad puede variar según la densidad, humedad y la cepa de micelio utilizada.