Ecología de la segregación en Valdivia: Estudio explica por qué las inundaciones no afectan a todos por igual
Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación analizó cómo la colonización, el megaterremoto de 1960 y la pérdida de humedales determinaron que los barrios más vulnerables de la capital de Los Ríos sean los más expuestos ante eventos climáticos extremos.
Las intensas lluvias e inundaciones registradas durante los últimos inviernos en el sur del país son un ejemplo de que los desastres naturales no golpean con la misma fuerza a toda la población. Detrás de esta disparidad existe una compleja trama socioecológica que fue analizada en una reciente publicación de la revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences).
El trabajo interdisciplinario, co-liderado por Olga Barbosa —académica de la Universidad Andrés Bello e investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB)— junto a Elizabeth M. Cook (Cary Institute for Ecosystem Studies), introduce el concepto de ecología de la segregación para comprender cómo la desigualdad social, las decisiones políticas y la geografía han configurado el paisaje urbano en el Sur Global.
Valdivia, emplazada en un punto estratégico del bosque templado lluvioso y en la confluencia de diversos cursos fluviales, posee una trayectoria histórica particular. La investigación identifica tres momentos determinantes en la configuración de sus vulnerabilidades actuales.
Tres hitos de desigualdad territorial
El primero data de la colonización europea (1552-1820), proceso caracterizado por el despojo territorial a comunidades mapuche que habitaban en estrecha relación con las cuencas y humedales. El segundo momento clave fue el megaterremoto de 1960 (magnitud 9,5). Este evento geológico causó un hundimiento masivo de terrenos, originando una nueva red de humedales. Sin embargo, la posterior reconstrucción urbana empujó progresivamente a las poblaciones de menores ingresos hacia las cotas topográficas más bajas y anegables.
«Lo que este invierno nos está mostrando en Valdivia no es un evento aislado, sino la misma lógica que describimos en el estudio: hay una presión sostenida en el modelo de urbanización que ocupó humedales durante décadas, y eventos puntuales, como estas lluvias récord, que actúan como el terremoto de 1960, haciendo visible y agravando una desigualdad que ya estaba instalada», advierte Barbosa.
«Las zonas que más se inundan hoy suelen coincidir con los barrios de menores ingresos, que son justamente los que quedaron en las cotas más bajas tras la reconstrucción de los años 60″, agrega el investigador.
Humedales urbanos
El tercer hito corresponde a la época contemporánea: la movilización ciudadana y científica por la defensa de los ecosistemas acuáticos ante la expansión inmobiliaria, un movimiento que impulsó la creación de la Ley N° 21.202 de Humedales Urbanos en Chile.
La investigación destaca una particularidad valdiviana: mientras los sectores de mayores ingresos concentran plazas y parques formales, los barrios periféricos conviven con áreas verdes informales, compuestas por retazos de humedales. Aunque no están oficialmente reconocidas como parques, son estas zonas las que albergan mayor biodiversidad y entregan servicios ecosistémicos críticos, tales como la absorción y amortiguación de crecidas fluviales.
«Proteger los humedales urbanos no es solo un tema de biodiversidad, sino de justicia ambiental: son ellos los que amortiguan las crecidas y absorben el exceso de agua. Cuando los rellenamos o los dejamos fuera de la planificación, quitamos protección justamente a los barrios que ya tienen menos recursos para enfrentar una emergencia», subraya la científica.