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Chile: El corredor biológico con casi la mitad de las especies de ballenas del mundo

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Tiempo de lectura: 2 minutos Con 43 de los 90 tipos de ballenas y delfines transitando por sus costas, Chile es considerado un corredor biológico y una ‘autopista’ de alimentación para los cetáceos en el Hemisferio Sur.

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Cada año, miles de kilómetros mar adentro, pero también a pocos metros de la costa, las grandes ballenas atraviesan las aguas nacionales en una travesía que conecta los trópicos con la Antártica. Chile es un corredor biológico para la supervivencia de estos gigantes, especialmente durante el periodo estival.

De las 90 especies de cetáceos descritas globalmente, 43 habitan o transitan por aguas chilenas, incluyendo ejemplares emblemáticos como la ballena azul, la fin, la jorobada y la sei.

Según explica Dominique Charlin, experta en Biodiversidad de Greenpeace, la Corriente de Humboldt crea condiciones oceanográficas únicas, convirtiendo al país en «una verdadera autopista migratoria para las grandes ballenas del hemisferio sur. Sin este corredor, muchas especies tendrían muchas menos posibilidades de completar exitosamente su ciclo de vida».

Una «autopista» de alimentación en la Corriente de Humboldt

Durante la primavera y el verano austral, las ballenas viajan desde zonas cálidas como Galápagos o Colombia hacia los fiordos patagónicos. Sectores como el Golfo de Corcovado, Chiloé y el Archipiélago de Humboldt funcionan como «restaurantes naturales». Allí, las altas concentraciones de krill permiten que los cetáceos recuperen la energía necesaria para criar a sus ballenatos y completar su ciclo de vida.

El paso de estos animales incluye su alimentación en la profundidad, que regresen a la superficie para respirar, y fertilicen el océano mediante un fenómeno conocido como la «bomba de cetáceos», donde liberan nutrientes como hierro y nitrógeno que fertilizan el fitoplancton.

Este microorganismo no solo produce más de la mitad del oxígeno de la Tierra, sino que es una herramienta clave en la captura de dióxido de carbono, ayudando a mitigar la crisis climática.

Amenazas en el corredor

A pesar de su importancia, el viaje de las ballenas por Chile es cada vez más peligroso. Actualmente, el país registra una de las tasas más altas de mortalidad de ballenas por colisiones con barcos, debido al intenso tráfico marítimo que se superpone con sus áreas de alimentación.

A esto se suma la expansión de la salmonicultura en canales y fiordos, que aumenta el riesgo de enmalles en redes de pesca. En noviembre de 2024, se presentaron querellas criminales por la muerte de ballenas jorobadas en el Parque Nacional Laguna San Rafael y la Reserva Nacional Kawésqar, casos vinculados a lesiones por actividades acuícolas en áreas protegidas.

Localidades como Chañaral de Aceituno y Punta de Choros han demostrado que el avistamiento responsable de cetáceos puede ser un motor de desarrollo económico local. Proteger a estos gigantes es resguardar la salud del océano del cual depende la vida en todo el planeta.


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