Investigación revela que la lagartija negroverdosa posee cinco poblaciones únicas en las islas del cielo
Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio genético determinó que la Liolaemus nigroviridis, especie endémica de la zona central, no es un grupo homogéneo sino que posee una historia evolutiva diferenciada en las altas cumbres.
La lagartija negroverdosa (Liolaemus nigroviridis) es una especie endémica que habita los ecosistemas de alta montaña. Un estudio publicado en la revista Animal Conservation reveló que se divide en cinco poblaciones genéticamente diferenciadas, las cuales funcionan de manera aislada en lo que los científicos denominan «islas del cielo».
Estas islas son en realidad las cumbres de la cordillera de la Costa y de los Andes, zonas altas que mantienen condiciones de temperatura, humedad y vegetación radicalmente distintas a los valles que las separan. Según explica el Dr. Jorge Mella-Romero, autor principal del trabajo, este aislamiento geográfico impide que las lagartijas se desplacen entre montañas, creando microclimas donde cada población ha seguido su propio camino evolutivo.
El equipo de investigadores de los laboratorios de Conservación Biológica y de Ecología y Genética de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile analizó el ADN mitocondrial y más de 9.300 variaciones genéticas en ejemplares de distintas localidades. Los resultados mostraron que existe un intercambio genético casi nulo entre las cumbres. Esto permitió identificar cinco unidades de manejo prioritarias: El Roble, Cantillana, Los Caracoles, Farellones y El Yeso.
Cinco unidades de manejo para la conservación de la especie
«Al analizar una escala más reciente aparecen cinco unidades de las que deberíamos preocuparnos. Esto permite establecer prioridades, porque los recursos para conservación siempre son limitados y no todas las poblaciones enfrentan hoy el mismo nivel de amenaza», sostiene el Dr. Mella-Romero. El estudio enfatiza que no es adecuado aplicar una medida de protección general ni mezclar individuos de distintas montañas, ya que son entidades genéticas diferentes con historias particulares.
En Farellones, por ejemplo, se detectó conectividad entre sectores cercanos (hasta 1,2 kilómetros), pero esa fluidez desaparece al intentar cruzar hacia otros macizos. Esta fragmentación natural implica que, si las condiciones ambientales cambian drásticamente, estas poblaciones no tienen hacia dónde escapar.
En Altos de Cantillana está la mayor prioridad frente a la crisis climática
Dentro de las poblaciones identificadas, la de Altos de Cantillana es la que presenta el escenario más crítico. El estudio detectó una disminución drástica en su tamaño poblacional efectivo durante los últimos mil años, tendencia que se ha acentuado en los últimos dos siglos debido a la intervención del paisaje y el aislamiento geográfico.
«Cantillana es la población prioritaria porque está muy aislada y, según los modelos de cambio climático, su hábitat será uno de los más afectados», advierte el investigador. Ante este peligro, la investigación plantea la necesidad de evaluar alternativas como la migración asistida, es decir, el traslado controlado de individuos a ambientes que puedan ser más resilientes en el futuro, aunque subrayan que esto requiere estudios de riesgo previos.