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Microbiota intestinal: Una clave para prevenir enfermedades cardiovasculares

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Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio, liderado por expertos de la Pontificia Universidad Católica de Chile y el Instituto Milenio iHEALTH, sugiere que el uso de subproductos de la industria vitivinícola podría ser una estrategia innovadora para mejorar la función cardíaca y extender la vida.

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Una reciente investigación, desarrollada por el Instituto Milenio en Ingeniería e Inteligencia Artificial para la Salud (iHEALTH) y la Pontificia Universidad Católica de Chile, ha puesto el foco en un elemento que podría ser clave para enfrentar las enfermedades cardiovasculares: la microbiota intestinal. Estos microorganismos alojados en el intestino podrían tener un impacto directo en el desarrollo y la progresión de las afecciones cardíacas.

El estudio, dirigido por el Dr. Marcelo Andia, profesor de la Escuela de Medicina UC y director alterno de iHEALTH, junto con la estudiante de doctorado UC, Katherine Rivera, explora el denominado «eje intestino-corazón«. Esta compleja conexión biológica establece que cualquier alteración en la integridad del intestino puede desencadenar una inflamación sistémica en el cuerpo. Dicha inflamación, a su vez, desequilibra el delicado funcionamiento del sistema cardiovascular, afectando directamente la salud del corazón.

La investigación detalla cómo las dietas modernas, a menudo pobres en fibra y ricas en carbohidratos y lípidos, modifican negativamente la diversidad bacteriana en el intestino. Esta alteración aumenta la permeabilidad de la pared intestinal, permitiendo que moléculas proinflamatorias pasen al torrente sanguíneo. Este proceso se ha vinculado directamente con la aparición y progresión del daño cardiovascular.

Orujos de uva: ¿el secreto para un corazón sano?

En un experimento preclínico crucial, realizado en colaboración con científicos del Reino Unido, el equipo chileno utilizó un modelo animal para simular la enfermedad de las arterias coronarias. El objetivo era evaluar cómo la dieta y ciertos compuestos antioxidantes podrían mitigar este problema.

Los resultados fueron reveladores: una dieta alta en grasas y colesterol no solo comprometió la capacidad de filtrado del intestino y alteró la microbiota, sino que también incrementó la inflamación y causó daños metabólicos en el corazón.

Sin embargo, la suplementación con orujos de uva —un subproducto de la elaboración del vino tinto, conocido por su riqueza en antioxidantes— transformó el panorama. No solo mejoró el microambiente intestinal y redujo la inflamación, sino que, de manera significativa, previno la muerte prematura de los animales estudiados.

«Restaurar la microbiota intestinal no solo tuvo un efecto protector sobre el corazón, sino que también prolongó significativamente la supervivencia en nuestro modelo experimental», enfatiza Katherine Rivera, quien basa su tesis doctoral en esta prometedora línea de investigación.

El Dr. Marcelo Andia subraya la importancia de estos hallazgos, afirmando que abren la puerta a «nuevas estrategias preventivas y terapéuticas para pacientes con alto riesgo cardiovascular y para la población general». Añade que «entender cómo la salud intestinal impacta el corazón nos permite pensar en intervenciones más integrales, que incluyan alimentación, microbiota y biomarcadores de daño cardíaco detectables de forma no invasiva».

El estudio también exploró la espectroscopía por resonancia magnética (NMR) como un biomarcador no invasivo capaz de detectar tempranamente cambios metabólicos en el corazón, una herramienta con potencial para el seguimiento de pacientes con enfermedad coronaria. Estas innovadoras técnicas podrían ayudar a identificar alimentos con un verdadero potencial de prevención cardíaca, otorgando un sustento científico a la ancestral sabiduría de Hipócrates: «que tu alimento sea tu medicina«.


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