Fragilidad en personas mayores: cómo reconocerla y proteger su autonomía
Tiempo de lectura: 2 minutos La fragilidad involucra factores físicos, psicológicos y sociales que pueden afectar la independencia; detectarla a tiempo, permite realizar intervenciones para disminuirla.
Caminar, cocinar, peinarse o salir a tomar una micro son actividades cotidianas que reflejan la capacidad de una persona para desenvolverse. Cuando esa autonomía comienza a verse amenazada, resulta importante prestar atención a la fragilidad en las personas mayores, una condición que va más allá de lo físico.
En el programa «MICARE, Ciencia que Cuida», en Cooperativa Ciencia, la enfermera, académica, investigadora, Directora del Doctorado en Ciencia de Enfermería en la UNAB y directora alterna del Instituto Milenio para la Investigación del Cuidado, MICARE, Alejandra Araya, explicó que este concepto reúne dimensiones físicas, psicológicas y sociales que aumentan la vulnerabilidad frente a problemas de salud.
“Es un indicador previo a la discapacidad o a la pérdida de funcionalidad”, señaló. Reconocerlo permite tomar decisiones para que las personas mayores mantengan su autonomía durante el mayor tiempo posible.
¿A qué cambios prestar atención?
Araya explicó que la fragilidad puede interferir en la capacidad de realizar tareas habituales, como caminar, comer sin ayuda o cocinar. Estas dificultades también pueden repercutir en la vida social: una persona que encuentra más obstáculos para salir puede reducir sus actividades, aislarse y experimentar soledad.
Desde esta perspectiva, observar lo que ocurre en la vida cotidiana permite comprender cómo se relacionan las distintas dimensiones de la fragilidad. La conversación también destacó la importancia de las redes de apoyo y del diálogo entre generaciones.
Según la investigadora, las personas mayores frágiles presentan peor calidad de vida y mayores necesidades de atención sanitaria y cuidados que aquellas que no tienen esta condición. Por eso, el desafío incluye tanto al sistema de salud como a las familias y comunidades.
¿Se puede revertir la fragilidad?
Uno de los mensajes centrales de la investigadora fue que la fragilidad puede disminuir e incluso revertirse mediante intervenciones.
Araya explicó que una persona identificada como frágil puede recibir apoyos y ser evaluada nuevamente después de un período de intervención, mostrando una reducción de esa condición. El objetivo es aprovechar sus capacidades y limitar la pérdida de funcionalidad.
En ese proceso, la formación de quienes cuidan resulta fundamental. La especialista advirtió que muchas familias asumen esa responsabilidad sin preparación y que algunas acciones bien intencionadas pueden dificultar la recuperación.
Como ejemplo, mencionó la tendencia a mantener en cama a una persona mayor después de una hospitalización como muestra de cariño. Según explicó, prolongar la inactividad puede perjudicar la recuperación de su musculatura y su capacidad para caminar.
Apoyo para personas mayores y cuidadores
Los centros diurnos ofrecen evaluaciones e intervenciones de acuerdo con las necesidades de las personas mayores. También entregan herramientas educativas a sus cuidadores. Araya destacó que, en las evaluaciones que describió, quienes participan pueden presentar menos síntomas depresivos, una mejor percepción de su calidad de vida y mayor apoyo social al egresar.
Estos espacios también permiten aprender que cuidar implica acompañar, respetar decisiones y adaptarse a los ritmos de cada persona. Caminar o conversar más lentamente no significa perder el interés por participar o disfrutar.
Para conocer la oferta disponible y consultar por las vías de acceso, la investigadora indicó que las familias pueden acudir a su Cesfam o municipalidad, además de revisar la información del Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama).