Inteligencia artificial permite monitorear colonias de pingüinos barbijo en la Antártica
Tiempo de lectura: 2 minutos Un proyecto liderado por el INACH utiliza cámaras trampa y redes neuronales para analizar el ciclo de vida del pingüino barbijo y optimizar el estudio de ecosistemas en el Continente Blanco.
Un proyecto del Instituto Antártico Chileno (INACH), liderado por la bióloga marina Magdalena Márquez Díaz, está incorporando inteligencia artificial (IA) para monitorear colonias de pingüinos barbijo en la península Antártica.
La iniciativa utiliza cámaras trampa instaladas en terreno y un sistema de visión artificial basado en redes neuronales, que permite analizar miles de imágenes y realizar conteos automáticos de ejemplares adultos y polluelos, mejorando la precisión del seguimiento poblacional.
La investigadora explica que este enfoque surgió como una solución a necesidades previas. La forma óptima de desarrollar el programa «era hacerlo mediante un sistema de visión artificial, el cual se generó y diseñó como una estrategia de seguridad que actualmente puede ser adaptado para la ecología».

Monitoreo autónomo en condiciones extremas
El sistema comenzó a desarrollarse a partir de registros obtenidos desde 2022, en el marco del Programa de Seguimiento del Ecosistema (CEMP), que opera en distintos puntos de la península Antártica.
Actualmente, el programa cuenta con ocho cámaras trampa activas, que registran imágenes durante todo el año, tres en la isla Kopaitic, península Antártica y cinco en punta Armonía, en la isla Nelson.
Estos datos son recolectados en terreno y luego procesados en Punta Arenas, donde el uso de inteligencia artificial permite reducir el análisis de semanas a solo horas.
Este monitoreo permite conocer con mayor precisión los ciclos de arribo y partida de los pingüinos, así como momentos clave en la dinámica de las colonias.
IA aplicada a la biodiversidad
El sistema utiliza un modelo de visión artificial basado en la red neuronal YOLO (You Only Look Once), entrenado con imágenes etiquetadas para reconocer características morfológicas de los pingüinos.
«En cuanto a ecología, empezamos a utilizarlo hace poco. La idea es que, en un tiempo más, podamos expandirlo con un sistema de visión artificial que funcione mejor y sea específico para esto», señala Márquez.
Entre sus proyecciones, la tecnología podría permitir estudiar procesos como la eclosión de huevos, la supervivencia de polluelos o la interacción con otras especies.
Desafíos y proyecciones
A pesar de sus avances, el sistema aún enfrenta desafíos, especialmente en la detección de polluelos, que suelen quedar ocultos bajo los adultos o camuflados en el entorno.
Sin embargo, los resultados han sido positivos y abren la puerta a ampliar el uso de esta tecnología a otras especies y ecosistemas. «Lo mejor de estas herramientas es que son iterables; si tengo la posibilidad de ir perfeccionándolas, lo voy a hacer. Esto es un punto de inicio y todo lo que se pueda generar desde aquí será siempre mejor», concluye la investigadora.
El objetivo a futuro es optimizar el sistema para facilitar el monitoreo de biodiversidad en condiciones extremas, reduciendo la necesidad de observación manual y mejorando la recolección de datos en la Antártica.