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Estudio revela por qué algunos estudiantes se arriesgan por defender a sus compañeros

Estudio revela por qué algunos estudiantes se arriesgan por defender a sus compañeros

Cooperativa Ciencia,

Tiempo de lectura: 3 minutos La publicación, que tiene entre sus autores a los académicos de la Universidad de La Serena Pablo Castro y David Cuadra, identificó el papel de la familia, el clima escolar y el bienestar personal en quienes enfrentan el rechazo para apoyar a otros.

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En las escuelas existen estudiantes que, de manera espontánea, deciden apoyar a compañeros que son víctimas de burlas, exclusión o discriminación, aun cuando ello implique exponerse al rechazo de sus propios pares.

Este fenómeno fue analizado en un estudio publicado en Frontiers in Psychology en el que participaron los académicos de la Universidad de La Serena, David Cuadra y Pablo Castro -junto a los investigadores Millaray Monárdez, José Espinosa, Daniel Pérez, José Sandoval, Rodrigo Landabur y Aldo Vera– con el propósito de comprender qué motiva a algunos adolescentes a actuar en defensa de otros pese a los riesgos sociales que ello conlleva.

Perfil de los estudiantes

El estudio se desarrolló en un establecimiento educacional de la Región de Atacama con una importante presencia de estudiantes con necesidades educativas especiales -alrededor de un 15%- donde se entrevistó a jóvenes identificados por sus propios compañeros como personas que suelen realizar este tipo de conductas.

David Cuadra – integrante del claustro del Doctorado en Psicología de la Universidad de La Serena y académico de la Universidad de Atacama– explicó que se adjudicaron el proyecto Fondecyt Regular “Defender e incluir en la escuela: estudio mixto del comportamiento prosocial de alto costo en estudiantes secundarios y su relación con la convivencia, violencia y bienestar”.

El investigador sostuvo que “aunque no existe un único perfil, preliminarmente hemos identificado tres grupos. El primero corresponde a estudiantes que, por lealtad y coraje moral, protegen a sus amigos o compañeros cercanos; este es el comportamiento más común. Un segundo grupo está conformado por quienes tienen una fuerte identidad prosocial y valores humanitarios, por lo que están dispuestos a ayudar incluso a compañeros que no conocen, y un tercer perfil asume estas conductas porque experimenta el riesgo como algo atractivo o porque estas acciones pueden otorgarle reconocimiento entre sus pares”.

Sentido de pertenencia a la comunidad

“Nuestros resultados preliminares muestran que la prosocialidad costosa mejora el clima escolar y que al dirigirse a compañeros cercanos, reduce la agresión, mientras que ese efecto no se observa cuando la ayuda se presta a estudiantes desconocidos. Esto sugiere que fortalecer el sentido de pertenencia a la comunidad escolar podría ser clave para disminuir la violencia”, agregó.

Ahondando en esto, el investigador recalcó que “muchos estudiantes con una prosocialidad costosa de carácter bondadoso suelen ejercer liderazgos positivos dentro de la escuela, mientras que quienes ayudan motivados por la búsqueda de riesgo o reconocimiento social pueden asumir otros tipos de liderazgo. Por eso creemos que es necesario alfabetizar, desarrollar habilidades, monitorear y acompañar a estos estudiantes para potenciar estas conductas”.

En relación a lo anterior, el académico enfatizó en que “tanto las políticas educativas como las escuelas deben considerar que ayudar, es un comportamiento que requiere ser comprendido y apoyado, por eso, proponemos promover la prosocialidad para mitigar la violencia y mejorar el clima escolar, contando con la supervisión de adultos, enseñando a los estudiantes a evaluar los riesgos de ayudar y a poner límites cuando sea necesario, identificando y apoyando a quienes podrían ver afectado su bienestar por involucrarse”.

“La prosocialidad debe incorporarse de manera sistemática en las escuelas, a través de un plan de trabajo liderado por docentes o integrantes del equipo de convivencia escolar, con participación activa de las familias”, insistió.

Las claves del comportamiento prosocial

Por su parte, el académico Pablo Castro detalló que “en psicología la prosocialidad se conoce como la tendencia de algunas personas a ayudar a otros y dentro de las escuelas existe un comportamiento específico que se llama comportamiento prosocial de alto costo, que es cuando algunos estudiantes deciden ayudar a otros, incluso exponiéndose a consecuencias negativas para ellos, ya sean sociales o físicas”.

“En este estudio vimos que influyen factores como tener familiares con este tipo de comportamientos -aprendiendo del ejemplo de los padres o cuidadores- o porque el colegio transmite esos valores y la sensación de bienestar que experimentan a largo plazo quienes ayudan”, añadió.

En esa línea, el investigador subrayó que “esto también se debe trabajar con las familias, de manera que madres, padres y personas cuidadoras de estudiantes que realizan estos comportamientos prosociales puedan compartir su experiencia con otras familias, contar cómo vivieron esa situación y, a partir de ello, generar un plan de trabajo”.


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