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El carpintero negro actuaría como un «termómetro» de la salud de los bosques del sur de Chile

El carpintero negro actuaría como un «termómetro» de la salud de los bosques del sur de Chile

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Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación confirmó que la actividad del carpintero magallánico (Campephilus magellanicus) permite medir de forma indirecta la riqueza de insectos clave para el ecosistema.

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El carpintero negro, o carpintero magallánico, es mucho más que una figura emblemática de la fauna chilena. Un estudio realizado por un equipo interdisciplinario de investigadores chilenos demostró que esta ave actúa como un indicador biológico de alto valor, funcionando como un verdadero «termómetro» para evaluar la salud de los bosques templados del sur del país.

La investigación, publicada en la revista Insect Conservation and Diversity, analizó la relación entre el forrajeo (búsqueda de alimento) del carpintero y la diversidad de escarabajos saproxílicos, organismos que habitan en la madera en descomposición y que son esenciales para el reciclaje de nutrientes en el suelo forestal.

El estudio se llevó a cabo en 22 parcelas de bosque nativo, donde se analizaron 132 árboles vivos. Los resultados mostraron que los árboles seleccionados por los carpinteros para excavar contenían una biodiversidad significativamente mayor. En total, se registraron 297 especies de escarabajos de madera, de las cuales 257 se encontraron en troncos intervenidos por el ave, frente a solo 159 en el grupo de control.

El carpintero como centinela de la biodiversidad

«La abundancia y riqueza taxonómica de escarabajos depredadores, barrenadores de madera y micófagos fue mayor en secciones donde los carpinteros magallánicos forrajearon», explica Silvio Crespin, académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Agronomía de la Universidad de Las Américas (UDLA) y coautor del artículo. Según el experto, al monitorear la actividad de esta ave, se obtiene una medición fiable de la salud de toda la comunidad de insectos descomponedores, invisibles a simple vista pero vitales para el bosque.

Este trabajo fue el resultado de una colaboración entre la Universidad de Santiago de Chile (USACH), el Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y la CONAF, con apoyo internacional del Instituto de Investigaciones Tropicales de El Salvador.

Redes ecológicas bajo la amenaza del cambio climático

La investigación destaca que los escarabajos saproxílicos configuran una red ecológica extremadamente sensible a factores ambientales como la temperatura y la humedad. En este contexto, el cambio climático y la degradación de los ecosistemas forestales actúan como presiones que pueden romper esta cadena vital.

Crespin advierte que parámetros como los índices de sequía alteran la selectividad del carpintero y la estructura de la red ecológica. «La estabilidad de esta relación, que transita desde la madera muerta, pasa por los insectos y culmina en el carpintero, es vulnerable. Al romperse esta cadena, se impacta la capacidad de regeneración del ecosistema», señala el investigador.

Uno de los hallazgos más relevantes es el llamado a cambiar la percepción sobre la madera muerta o en descomposición. Lejos de ser un desperdicio o un riesgo de incendio que deba ser removido, el estudio la califica como un recurso vital. Actualmente, la Ley N° 20.283 sobre recuperación del bosque nativo no establece niveles críticos de madera muerta para la conservación, un vacío que este estudio busca evidenciar para influir en futuras políticas forestales.

Al proteger al carpintero negro como «especie paraguas», no solo se resguarda a esta especie, sino a todo un universo de microorganismos e insectos que sostienen la vida en los bosques más australes del mundo.


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