Científicos estudian las moléculas que dan vida al «Vino del Desierto» en Tarapacá
Tiempo de lectura: 2 minutos Investigadores de la Universidad Arturo Prat analizan los compuestos volátiles y el perfil antioxidante de este producto único en el mundo.
El Vino del Desierto es considerado un emblema de la vitivinicultura extrema en la Región de Tarapacá. Científicos de la Universidad Arturo Prat (UNAP) lideran una investigación para identificar las moléculas que definen su identidad sensorial y potenciar sus propiedades beneficiosas para la salud.
El trabajo se desarrolla en la Estación Experimental de Canchones, bajo la dirección de Alexis Velázquez Sáez, investigador del área de Biotecnología de la Facultad de Recursos Naturales Renovables. Desde su integración en 2024, Velázquez ha centrado sus esfuerzos en descifrar los metabolitos secundarios de las vides, responsables de los colores, sabores y, fundamentalmente, de los aromas que hacen que este vino sea único en el mercado global.
La investigación se enfoca en los compuestos volátiles que las plantas liberan y que, tras el proceso de vinificación, se transforman en una compleja paleta sensorial. Notas a rosas, chocolate o menta son algunos de los perfiles que el equipo busca potenciar mediante el análisis de microgramos por litro de sustancias químicas determinantes.

La búsqueda del aroma perfecto en condiciones extremas
«Nuestro trabajo se centra en los compuestos volátiles que las plantas producen como forma de comunicación con su entorno. En el vino, estos compuestos son uno de los atributos más importantes para su calidad», explica Velázquez. Gracias a la creación de mapas bioquímicos, los científicos pueden hoy cuantificar estas moléculas y entender cómo factores como el riego, la temperatura del desierto y los microorganismos de la fermentación alteran el resultado final.
Este nivel de detalle permite a los enólogos ajustar procesos en la bodega para resaltar aromas específicos que resulten atractivos para el consumidor moderno, quien busca experiencias sensoriales innovadoras. Además, el proyecto mantiene un fuerte componente de internacionalización mediante vínculos con la Universidad de Pisa, Italia, donde Velázquez fortaleció su formación técnica.
El potencial antioxidante del vino
Más allá del placer sensorial, el equipo integrado por los académicos Ingrid Poblete y Marcelo Lanino, junto a la estudiante de magíster Maite Villalobos, investiga el valor agregado del producto: su capacidad antioxidante. El estudio de los polifenoles presentes en la uva del desierto sugiere que estas moléculas pueden potenciarse mediante prácticas biotecnológicas.
Para lograrlo, la UNAP está experimentando con el uso de hongos micorrízicos —organismos que optimizan la interacción entre la raíz y el suelo— y el empleo de nanopartículas, en colaboración con el investigador Ericko Carmona. «Si logramos potenciar estas moléculas, podríamos tener un vino con características aromáticas distintivas y propiedades antioxidantes relevantes para combatir el envejecimiento celular», añade Velázquez.
Los científicos exploran cómo aprovechar el orujo (piel y semilla), residuo que suele desecharse pero que es rico en compuestos bioactivos. El objetivo es aislar estos metabolitos para su uso en suplementos deportivos, productos cosméticos y cremas antienvejecimiento.