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Boldo: del remedio casero a la ciencia que combate la inflamación

Boldo: del remedio casero a la ciencia que combate la inflamación

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Tiempo de lectura: 2 minutos En el marco del Festival Puerto de Ideas, el bioquímico Juan Carlos Sáez presentó cómo el boldo, una planta tradicional chilena, podría convertirse en una clave científica para tratar enfermedades complejas.

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En el escenario de Puerto de Ideas en Antofagasta, Juan Carlos Sáez llevó una idea simple pero potente: algo tan cotidiano como el boldo puede contener claves para entender enfermedades complejas. Desde su trabajo en neurociencia, planteó que la inflamación es un hilo común que conecta múltiples patologías.

Lejos de quedarse en el conocimiento popular, su investigación busca explicar qué ocurre a nivel celular cuando se consumen compuestos del boldo. Ese cruce entre tradición y ciencia es el que abre nuevas preguntas sobre su potencial terapéutico.

En ese contexto, la charla se transformó en un recorrido que va desde la cocina hasta el laboratorio, mostrando cómo la ciencia básica puede traducirse en aplicaciones concretas que podrían impactar en la salud.

De la tradición al laboratorio

El boldo, planta nativa del país, ha sido históricamente consumido como infusión para aliviar malestares digestivos. Sin embargo, como explicó Juan Carlos Sáez, durante mucho tiempo ese uso no tuvo una base científica clara, «era más bien un conocimiento popular, sin respaldo científico».

El giro ocurrió cuando su equipo comenzó a estudiar la boldina, uno de sus compuestos activos, ahí observaron su efecto sobre los hemicanales, estructuras celulares que se activan en condiciones de enfermedad. «Nos dimos cuenta de que la boldina bloqueaba los hemicanales sin afectar los canales normales», señaló.

Ese punto es clave porque permite intervenir en procesos dañinos sin alterar funciones esenciales del organismo, abriendo una línea de investigación con proyección en tratamientos más específicos.

Inflamación: el origen oculto de muchas enfermedades

Uno de los ejes de la charla fue la inflamación, entendida no solo como una respuesta puntual del cuerpo, sino como un proceso persistente en distintas patologías.

«La inflamación está detrás de enfermedades como la diabetes, la depresión o la epilepsia«, explicó Sáez, subrayando que muchas veces no se aborda desde ese lugar, esto deja fuera una pieza importante del problema.

El problema es que los antiinflamatorios tradicionales, como el ibuprofeno o la aspirina, pueden ser efectivos a corto plazo, pero resultan tóxicos, «si se toman de manera crónica, terminan afectando órganos como el hígado o el riñón», advirtió.

En este contexto, el boldo aparece como una alternativa potencial, al actuar sobre los mecanismos que gatillan la inflamación sin generar los mismos efectos secundarios. Esto lo posiciona como un posible punto de partida para desarrollar nuevos tratamientos.

¿Cómo usar el boldo para mayor eficacia?

Uno de los puntos que más llamó la atención fue la forma de consumo planteada para enfermedades crónicas. A diferencia del uso en infusión, Juan Carlos Sáez explicó que, en su experiencia, el efecto se busca con hojas secas ingeridas directamente.

«Abrir una bolsita de té de boldo, poner las hojas secas en la boca y pasarlas con agua, tres veces al día«, detalló, como parte de un consumo cada ocho horas durante algunas semanas para reducir la inflamación. También afirmó que en los casos observados no se registraron efectos secundarios negativos.

Aun así, se trata de una línea de investigación en desarrollo que abre posibilidades, pero que todavía requiere validación más amplia antes de convertirse en una recomendación clínica.

En paralelo, su equipo ha avanzado en el desarrollo de nuevas moléculas y posibles aplicaciones, aunque enfrenta obstáculos importantes, como el alto costo de los estudios en humanos, que hoy limita llevar estos descubrimientos al mercado.


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