La obesidad deja consecuencias en el sistema inmune incluso años después de perder peso
Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio liderado por la Universidad de Birmingham revela que la obesidad genera cambios duraderos en las células inmunitarias que pueden persistir entre cinco y diez años tras la pérdida de peso.
La obesidad no solo tiene efectos visibles en el cuerpo, sino que también deja una marca en el sistema inmunitario que puede mantenerse mucho tiempo después de adelgazar, según una investigación publicada en la revista EMBO Reports.
El estudio muestra que incluso cuando una persona logra bajar de peso, su organismo puede seguir funcionando como si aún tuviera obesidad, lo que mantiene el riesgo de desarrollar enfermedades asociadas a esta condición.
Este hallazgo aporta una nueva perspectiva sobre cómo el cuerpo «recuerda» estados metabólicos pasados y cómo esa memoria puede influir en la salud a largo plazo.
Una «memoria» en las células unitarias
Los investigadores identificaron que las células T colaboradoras experimentan un proceso llamado metilación del ADN, mediante el cual adquieren marcas químicas que alteran su comportamiento.
Estas modificaciones actúan como una especie de memoria biológica de la obesidad, haciendo que el sistema inmunitario continúe respondiendo como si el exceso de peso persistiera.
«Nuestros hallazgos muestran que la obesidad está asociada con modificaciones epigenéticas duraderas que influyen en el comportamiento de las células inmunitarias. Esto sugiere que el sistema inmunitario retiene un registro molecular de exposiciones metabólicas pasadas, lo que puede tener implicaciones para el riesgo de enfermedades y la recuperación a largo plazo», explicó Belinda Nedjai, autora principal del estudio.
Riesgos que persisten tras bajar de peso
Una de las principales consecuencias es que el sistema inmunitario pierde eficiencia en funciones clave, como la eliminación de desechos celulares o la regulación del envejecimiento inmunitario.
Esto podría explicar por qué personas que han bajado de peso siguen teniendo mayor riesgo de desarrollar enfermedades como la diabetes tipo 2 o ciertos tipos de cáncer.
Según Claudio Mauro, «Los resultados sugieren que la pérdida de peso a corto plazo puede no reducir inmediatamente el riesgo de algunas condiciones de salud asociadas con la obesidad,».
Un proceso reversible pero lento
Aunque estas marcas no son permanentes, sí son persistentes y pueden tardar años en desaparecer, especialmente si no se mantiene la pérdida de peso en el tiempo.
Los investigadores estiman que este proceso podría tomar entre cinco y diez años, lo que refuerza la importancia de sostener hábitos saludables a largo plazo.
A partir de estos resultados, el equipo plantea que en el futuro podrían desarrollarse tratamientos que ayuden a revertir más rápido estos efectos, combinando terapias de pérdida de peso con enfoques dirigidos al sistema inmunitario para reducir el riesgo de enfermedades asociadas.