Soledad en la adolescencia impacta hasta la adultez: Estudio revela falta de ejercicio y mal dormir
Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio internacional revela que el aislamiento y la soledad en jóvenes reducen la probabilidad de mantener hábitos saludables hasta la adultez.
La soledad durante la adolescencia no es solo una experiencia pasajera. Un estudio publicado en la revista Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health muestra que sentirse solo o aislado en esa etapa puede afectar la salud incluso décadas después.
El estudio, que siguió a más de 20 mil personas durante un período de entre 22 y 24 años, analizó cómo la percepción subjetiva de sentirse solo (soledad) y la falta objetiva de contacto con pares (aislamiento) afectan el cumplimiento de las «guías de movimiento de 24 horas«, un estándar de salud que integra tres pilares: actividad física, uso limitado de pantallas y horas de sueño adecuadas.
Los resultados mostraron que, en la adolescencia, solo una minoría cumplía con las tres recomendaciones de salud al mismo tiempo, y esa cifra disminuye aún más en la adultez: menos del 2% de los participantes logró sostener en el tiempo hábitos adecuados de actividad física, sueño y uso de pantallas.
El impacto es aún mayor en quienes reportaron soledad o aislamiento. «Este efecto fue especialmente marcado en mujeres, donde la soledad se asoció a un menor cumplimiento de actividad física, sueño adecuado y del conjunto completo de hábitos saludables», explicó Rodrigo Yáñez Sepúlveda, académico de la Universidad Andrés Bello.
Soledad y aislamiento no son lo mismo
Uno de los principales aportes del estudio es diferenciar soledad de aislamiento social. La primera se refiere a una experiencia subjetiva, mientras que el segundo apunta a la falta de vínculos o interacción con otras personas.
«La soledad estaría más vinculada a problemas de sueño, debido a mayores niveles de estrés, alerta emocional y malestar psicológico. En cambio, el aislamiento afecta principalmente la participación en actividades físicas, muchas de las cuales en la adolescencia tienen un componente social, como deportes en equipo o actividades recreativas grupales», señala Rodrigo Yáñez.
Un factor clave para la salud pública
El estudio advierte que estas conductas pueden consolidarse desde edades tempranas y mantenerse en el tiempo, aumentando el riesgo de enfermedades físicas y mentales en la adultez.
En esa línea, los investigadores proponen fortalecer programas escolares y comunitarios que promuevan la conexión social, el sentido de pertenencia y la participación en actividades grupales.
«Promover la actividad física y el buen dormir también implica crear entornos donde los adolescentes se sientan acompañados, incluidos y conectados«, concluye el académico.