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Diez años siguiendo árbol por árbol: Estudio revela cómo cambian los bosques antiguos de Chiloé

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Tiempo de lectura: 2 minutos Un monitoreo de más de 2.500 árboles durante una década permitió detectar cómo estos ecosistemas crecen, se regeneran y responden lentamente a las primeras señales del cambio climático en un bosque lluvioso de Chiloé.

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En el corazón de la Isla Grande de Chiloé, donde el musgo tapiza el suelo y la biodiversidad se entrelaza en ecosistemas milenarios, un equipo científico avanza en entender la evolución de los bosques. Durante diez años, investigadores siguieron de cerca la vida, el crecimiento y la muerte de más de 2.500 árboles en un sector conocido como el «tepual».

Este trabajo, desarrollado en la Estación Biológica Senda Darwin y liderado por el Dr. Álvaro Gutiérrez, investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y académico de la Universidad de Chile, fue publicado en la revista científica Annals of Forest Science. El estudio ofrece una ventana única a la «madurez dinámica» de los bosques templados lluviosos, ecosistemas clave para la captura de carbono y la protección de especies endémicas.

«Cada etiqueta es como ponerle un nombre a un árbol. Diez años después podemos volver, encontrarlo y entender un poco más de su historia: si creció, si enfermó o si murió», explicó Gutiérrez.

Un bosque convertido en laboratorio natural

El monitoreo comenzó en 2012 en un antiguo bosque tipo tepual ubicado en Chiloé, donde el equipo delimitó una hectárea y dividió el terreno en 400 cuadrantes para mapear cada árbol individualmente.

Cada ejemplar con más de cinco centímetros de diámetro fue identificado, medido y marcado con una placa metálica. En total, registraron 15 especies distintas dentro de uno de los remanentes mejor conservados del bosque templado lluvioso del sur de Chile.

«Esta idea nace con Juan Armesto (destacado ecólogo chileno y uno de los pioneros en el estudio de los bosques templados del sur de Sudamérica). quien impulsó tener una parcela de largo plazo de este tamaño en Chile, algo que no existía en ese momento», recorrdó Gutiérrez.

El trabajo permitió reconstruir qué ocurrió con cada árbol durante la década: cuáles crecieron, cuáles murieron y cómo evolucionó la estructura completa del bosque.

Bosques que cambian lentamente

Los resultados mostraron que estos ecosistemas presentan transformaciones muy lentas, el crecimiento promedio de los árboles fue de apenas dos milímetros por año, mientras la mortalidad superó el nacimiento de nuevos ejemplares.

Durante el período estudiado, cerca del 2,7% de los árboles murió anualmente, frente a un 1,2% de nuevos individuos. Aun así, el bosque siguió acumulando biomasa gracias al crecimiento de los árboles más grandes.

«Los árboles viven a una escala completamente distinta a la nuestra. A veces sentimos que diez años es mucho, pero para un bosque es casi nada. Nos falta vida para poder entender completamente cómo cambian estos sistemas», señaló el investigador.

Los científicos describen este fenómeno como una «madurez dinámica» ecosistemas donde constantemente nacen y mueren árboles, pero cuya estructura general se mantiene estable durante largos períodos.

Las primeras señales del cambio climático

El estudio también incorporó datos meteorológicos obtenidos en Senda Darwin, donde se detectaron veranos más secos y temperaturas máximas más altas durante las últimas décadas.

Según los investigadores, estos cambios podrían alterar procesos fundamentales del bosque, como la regeneración o la mortalidad de árboles, aunque sus efectos pueden tardar décadas en hacerse visibles.

«Los bosques tienen mucha inercia. Aunque haya cambios en el clima, no reaccionan de inmediato. A veces los efectos se ven recién después de 20 ó 30 años», explicó Gutiérrez.

El equipo continuará monitoreando la parcela en los próximos años para entender cómo responderán estos ecosistemas frente al avance del cambio climático y las transformaciones ambientales de largo plazo.


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