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Científicos investigan el impacto de los «químicos eternos» en la Antártica

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Tiempo de lectura: 2 minutos El proyecto chileno ICEMELT estudiará cómo los llamados «químicos eternos» llegan, se acumulan y circulan en los ecosistemas antárticos.

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Durante años, la Antártica fue considerada uno de los últimos territorios prístinos del planeta, sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que incluso este continente alberga rastros de contaminación química. Ahora, un equipo de científicos chilenos busca comprender cómo llegan hasta allí los llamados «químicos eternos» y qué impacto podrían tener sobre los ecosistemas polares.

La iniciativa, denominada ICEMELT y liderada por la Universidad Mayor, estudiará la presencia de compuestos perfluorados y polifluorados (PFAS), sustancias sintéticas utilizadas en miles de productos de uso cotidiano, desde textiles impermeables hasta utensilios de cocina. Debido a su gran estabilidad química, estos contaminantes pueden permanecer durante décadas en el ambiente y desplazarse a enormes distancias a través de la atmósfera y los océanos.

Uno de los principales focos de la investigación será determinar cómo el calentamiento global podría estar favoreciendo la liberación de PFAS atrapados durante años en nieve, glaciares y capas de hielo. A medida que aumentan las temperaturas y retrocede el hielo antártico, estas sustancias podrían volver a circular en los ecosistemas acuáticos y aumentar la exposición de organismos marinos.

Los químicos eternos llegan al fin del mundo

Aunque los PFAS se producen principalmente en zonas industrializadas, su capacidad para viajar largas distancias ha permitido que sean detectados incluso en algunos de los lugares más aislados del planeta.

De hecho, las primeras evidencias de estos contaminantes en fauna antártica fueron reportadas en 2006, cuando investigaciones identificaron su presencia en especies como pingüinos, albatros, elefantes marinos y skúas.

«ICEMELT es una iniciativa pionera porque integra, por primera vez en Chile, distintas disciplinas para estudiar cómo contaminantes emergentes interactúan en ecosistemas antárticos. No solo queremos detectar la presencia de PFAS, sino también comprender cómo circulan, cómo se transfieren en las tramas tróficas y qué efectos podrían tener sobre organismos marinos en uno de los ambientes más sensibles del planeta», explica el director del proyecto, Cristóbal Galbán.

Una amenaza amplificada por el cambio climático

El proyecto contempla tres líneas de trabajo centradas en la ocurrencia ambiental, la ecotoxicología y la transferencia trófica de estos contaminantes. Con ello, los investigadores esperan reconstruir el recorrido que siguen estas sustancias dentro de las cadenas alimentarias del océano Austral.

«La presencia de PFAS en la Antártica muestra que la contaminación química es un problema global. Lo que se libera en una parte del mundo puede terminar afectando ecosistemas remotos y frágiles», advierte Gustavo Chiang, director alterno de la iniciativa.


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