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Ciencia ciudadana en acción: Más de 140 voluntarios monitorean las lluvias desde sus casas

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Tiempo de lectura: 2 minutos Liderada por el geofísico Patricio Aceituno, la Red de Pluviómetros Ciudadanos ha logrado identificar microclimas y récords de agua caída en sectores como Caleu y el Cajón del Maipo que antes pasaban desapercibidos.

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Históricamente, la medición de las lluvias en Chile ha dependido de una red limitada de estaciones meteorológicas oficiales. Sin embargo, la geografía del país genera una variabilidad espacial que los instrumentos tradicionales no siempre logran captar. Para llenar ese vacío, en 2021 nació la Red de Pluviómetros Ciudadanos, una iniciativa del Departamento de Geofísica (DGF) de la Universidad de Chile.

El proyecto, ideado por el Profesor Emérito y geofísico Patricio Aceituno, surgió en pleno confinamiento del COVID-19. «Considerando que todos estábamos encerrados, se me ocurrió que podíamos observar la lluvia en forma colaborativa para estudiar su variación espacial en la Región Metropolitana por efecto de la topografía», explica el académico. Lo que inició con una meta de 100 puntos de medición, superó en 2025 los 145 participantes activos, extendiendo su alcance a las regiones de Valparaíso y O’Higgins.

Para lograr este hito, la clave ha estado en la ciencia ciudadana. Los voluntarios —que incluyen desde estudiantes y profesores hasta dueñas de casa y profesionales de diversas áreas— no requieren equipos sofisticados. Muchos utilizan pluviómetros artesanales construidos con botellas plásticas de paredes rectas, una regla graduada y un colorante para facilitar la lectura del nivel de agua.

De botellas plásticas a datos científicos

Para coordinar a los participantes, el proyecto los organizó a través de siete grupos de WhatsApp. Ante un pronóstico de mal tiempo, se envía una alerta; una vez finalizado el evento, los observadores reportan sus mediciones a través de un formulario electrónico.

Esta información se cruza con datos de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) y la Dirección General de Aguas (DGA), para luego publicarse de forma tabular y gráfica en el sitio web del proyecto.

«Se trabaja confiando que los observadores cumplan las instrucciones sobre cómo armar y operar los pluviómetros artesanales. (…) En cada evento se eliminan algunos datos que, por comparación con las observaciones del entorno, son anómalos y se informa al observador para que corrija la observación si es pertinente hacerlo«, señala Aceituno.

Esta metodología ha permitido validar la calidad de la información, al punto que los datos ya están siendo utilizados para una tesis de magíster en meteorología y clima.

Los nuevos polos de lluvia descubiertos

Tras analizar cerca de 40 eventos meteorológicos desde 2021, los investigadores han identificado dos puntos específicos en la Región Metropolitana donde las lluvias suelen ser mucho más intensas debido a factores topográficos.

Uno de ellos es el sector de El Canelo, en la entrada del Cajón del Maipo. El otro, que ha sorprendido por sus registros extremos, es la Cuesta La Dormida, en la cordillera de la costa. Y, recientemente, durante el sistema frontal de la semana pasada, tres observadores de la red reportaron más de 350 mm de agua caída, alcanzando un máximo histórico de 468 mm en la localidad de Caleu.

«La mayor densidad espacial de las observaciones obtenidas mediante este proyecto ha permitido caracterizar mejor la distribución espacial de las lluvias, identificando los lugares donde se alcanza la mayor intensidad», concluye Aceituno.


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