Datos escolares en Chile podrían ayudar a detectar tempranamente la esquizofrenia
Tiempo de lectura: 3 minutos Una investigación de carácter longitudinal analizó datos de escolares chilenos hasta su vida adulta, descubriendo patrones que podrían ayudar a generar políticas públicas de prevención.
Comprender cómo se desarrolla la esquizofrenia ha sido, durante décadas, uno de los mayores desafíos de la psiquiatría y la salud pública global. Aunque este trastorno suele manifestarse clínicamente en la adolescencia tardía o la adultez temprana, la evidencia científica sugiere que sus raíces se extienden hacia etapas muy tempranas de la vida.
Un estudio publicado en BJPsych Open, que contó con la participación de investigadores de la Escuela de Gobierno UC, analizó datos longitudinales de más de 20 mil estudiantes chilenos para identificar trayectorias socioemocionales previas al desarrollo de la enfermedad.
Los investigadores analizaron datos socioemocionales de estudiantes que rindieron el Simce en cuarto básico, octavo básico y segundo medio. Entre este universo, se identificó a un grupo de personas que, años después, recibieron un diagnóstico de esquizofrenia.
Al utilizar datos recolectados cuando los participantes aún eran niños y adolescentes —y antes de cualquier diagnóstico—, el estudio evita el llamado sesgo de recuerdo, un problema común en la investigación psiquiátrica donde se depende de la memoria de adultos ya diagnosticados.
Resultados
Los hallazgos revelan que, en promedio, los niños y adolescentes que llegaron a desarrollar esquizofrenia con posterioridad percibían menor apoyo parental que sus compañeros de curso. Además, en el caso de las niñas, se observaron niveles más bajos de autoestima y motivación escolar.
Si bien, se trata de pequeñas diferencias observadas a nivel poblacional, que no permiten identificar ni predecir casos individuales, sí entregan información relevante sobre las trayectorias de desarrollo asociadas a este tipo de trastorno.
Así lo explica el académico de la Escuela de Gobierno UC y coautor del estudio, Eduardo Undurraga, quien enfatiza que los resultados no indican que escuelas o colegios deban diagnosticar a nadie, ni menos etiquetar: «Por el contrario, muestra que los sistemas educativos producen datos muy valiosos sobre el desarrollo socioemocional, y que esta información puede ser utilizada para fortalecer apoyos generales, mejorar los entornos escolares y familiares, y reducir riesgos a largo plazo para todos los niños y niñas».
Hallazgo inesperado
Uno de los resultados más llamativos del estudio desafía las hipótesis tradicionales. De manera sorpresiva, se observó que los niños y niñas que más tarde desarrollaron esquizofrenia obtuvieron, en promedio, puntuaciones más altas en growth mindset, entendido como la creencia de que la inteligencia puede mejorar a través del esfuerzo. Esto refuerza la idea de que las trayectorias previas a la esquizofrenia son heterogéneas y no lineales, y que el riesgo psiquiátrico temprano no se expresa únicamente a través de déficits.
Si bien, la literatura internacional ha demostrado que muchas personas que desarrollan esquizofrenia presentan, durante la infancia, combinaciones diversas de vulnerabilidades y fortalezas, un aporte valioso de esta investigación radica en la evidencia empírica sólida que entrega desde un país de ingresos medios, algo que es aún poco frecuente en la investigación psiquiátrica global.
Interpretación abierta
La clave, según los autores, está en evitar interpretaciones deterministas. Esto porque la enorme mayoría de los niños con menor autoestima, menor apoyo parental percibido o determinadas características motivacionales nunca desarrollará esquizofrenia. Y, sin embargo, al mismo tiempo, muchas personas que sí la desarrollan no presentan señales claras durante la infancia. Entonces, el valor del estudio está en la identificación de patrones poblacionales que puedan derivar en políticas públicas más integrales.
Lo que si refuerza este estudio, según Susana Claro, también coautora y académica de la Escuela de la Gobierno UC, es la necesidad de monitorear y atender tempranamente cuestiones como la asistencia, el desempeño escolar o el apoyo general. «Invertir en bienestar emocional temprano y en relaciones familiares de apoyo es una estrategia que beneficia a toda la sociedad, independientemente de diagnósticos futuros», indica.
Valoración clínica
Desde el mundo médico, los resultados refuerzan una visión de largo plazo sobre la esquizofrenia. «Estos hallazgos profundizan la idea de que se trata de un trastorno del neurodesarrollo», explica Nicolás Crossley, académico de la Escuela de Medicina UC y uno de los autores del artículo.
«No aparece de forma abrupta, sino que está precedido por cambios graduales en el funcionamiento emocional y social. Comprender esas trayectorias es clave para avanzar hacia formas más tempranas, más humanas y menos estigmatizantes de prevención«, agrega.