Crisis en las colmenas: Experto advierte sobre el impacto de un invierno extendido en la apicultura del sur
Tiempo de lectura: 2 minutos El académico de la Universidad Austral de Chile, Dr. Esteban Basoalto, alertó que las lluvias prolongadas no solo alteran el comportamiento de las abejas, sino que amenazan la polinización y la calidad de la producción frutícola de la temporada.
A propósito del sistema frontal que ha afectado al país en las últimas semanas, el profesor de la Facultad de Ciencias Agrarias y Alimentarias de la Universidad Austral de Chile, Dr. Esteban Basoalto, advierte que la actual dinámica meteorológica también está impactando la estabilidad de las colmenas y, por consecuencia, la actividad apícola regional.
Según el experto, las lluvias intensas y los períodos prolongados de humedad en Valdivia y sus alrededores no son solo un inconveniente logístico para los apicultores, sino una barrera biológica para las abejas. Estos insectos dependen de condiciones muy específicas para realizar el «forrajeo», el proceso esencial de recolección de néctar y polen que sustenta la vida de la colmena y permite la producción de miel.
¿Por qué las abejas dejan de trabajar bajo la lluvia?
Para que una colmena funcione correctamente, las abejas deben salir a explorar el entorno. Sin embargo, su capacidad de vuelo está condicionada por el termómetro y el viento. El Dr. Basoalto explica que la abeja requiere una temperatura mínima de alrededor de 19 °C, además de una baja velocidad del viento y, fundamentalmente, la ausencia de precipitaciones.
«Que el invierno sea especialmente lluvioso no es un problema en sí mismo, a menos que se extienda», advierte el académico. Si las abejas permanecen resguardadas durante los días de flores abiertas, pierden la oportunidad de nutrirse y, al mismo tiempo, de cumplir su rol vital como polinizadores.
Este fenómeno obliga a los apicultores a redoblar la vigilancia. En inviernos particularmente crudos o largos, las reservas de alimento dentro de la colmena pueden agotarse rápidamente si las obreras no logran salir. Esto genera un estrés nutricional que debilita a la colonia y puede derivar en una alta mortandad antes de que comience la temporada alta de producción.
Las consecuencias de una primavera tardía
El impacto de un invierno extendido también incide en la falta de actividad de las abejas, lo que se traduce directamente en una baja polinización, afectando la «cuaja» o formación de los frutos.
«Hemos tenido baja polinización, baja cuaja, menos producción frutal y la fruta es de menor calidad y calibre. Así que hay que estar atentos a estimular la salida de las abejas en invierno para que aprovechen los períodos sin lluvia», señaló Basoalto.
Ante este escenario, el llamado del experto es a la proactividad. Es fundamental que los apicultores aprovechen las «ventanas» de buen tiempo para estimular la salida de las abejas. El objetivo es mantener un flujo constante de abejas pecoreadoras, aquellas obreras adultas encargadas de recolectar agua, propóleo, néctar y polen.