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Cuando aumenta la lluvia: ¿Cómo responden los polinizadores del Desierto de Atacama?

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Tiempo de lectura: 3 minutos Un estudio con participación de investigadores de la Universidad de La Serena, reveló cómo la disponibilidad de agua reorganiza las relaciones entre plantas e insectos en uno de los ambientes más áridos del planeta.

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Las recientes lluvias que han afectado a las regiones de Atacama y Coquimbo han vuelto a mostrar la capacidad del agua para transformar rápidamente los ecosistemas de las zonas áridas. Más allá de sus efectos visibles en el paisaje, las precipitaciones también desencadenan cambios menos evidentes: aumenta la disponibilidad de flores, se intensifica la actividad de los insectos y se modifica la forma en que plantas y polinizadores se relacionan.

Precisamente estos cambios fueron analizados por un equipo que estudió las redes de polinización del desierto costero de Atacama, específicamente en Caldera, Huasco y Coquimbo, comparando un año seco con otro considerablemente más lluvioso.

Tras registrar 7.100 interacciones entre plantas y 27 especies de polinizadores, determinaron que estos visitan una mayor variedad de plantas en condiciones más lluviosas.

Las abejas —principalmente de las familias Megachilidae, Apidae y Halictidae— fueron el grupo dominante, seguidas por hormigas, moscas y escarabajos. Además, observaron que en los sectores menos áridos destacaron las abejas solitarias de mayor tamaño, mientras que en las zonas más secas aumentó proporcionalmente la presencia de abejas pequeñas, hormigas y escarabajos.

Contrastes del Desierto

La investigación fue liderada por Daniel Piñones-Tapia, Doctor en Ciencias Biológicas, mención Ecología de Zonas Áridas de la Universidad de La Serena, con la participación de Gerardo O. Gutiérrez, egresado del Magíster en Ciencias Biológicas mención Ecología de Zonas Áridas de la USerena; y Jaime Pizarro-Araya, académico del Departamento de Biología e investigador del Laboratorio de Entomología Ecológica (LEULS) de esta casa de estudios.

El equipo estuvo integrado además por Patricia C. Guerra, de la Universidad Andrés Bello; Antoine Touret, de la Université Paris-Saclay, Francia; y Ernesto Gianoli, de Tarleton State University, Estados Unidos.

Piñones-Tapia relató que buscaban comprender cómo funcionan las dinámicas ecológicas en uno de los ambientes más extremos del planeta: el desierto.

Según el investigador eligieron el desierto “porque representa un escenario fascinante, con actores únicos y un guion marcado por fuertes contrastes, entre largos periodos de escasez y pulsos extraordinarios de vida. Además, es un ambiente profundamente impredecible, donde fenómenos como las lluvias pueden transformar el paisaje y con ello, modificar las relaciones entre plantas y polinizadores”.

El dilema de la mayor movilidad

El académico explica que una de las principales motivaciones del trabajo fue comprender qué ocurre con la polinización bajo estas condiciones, ya que se trata de un proceso fundamental para la vida, detrás del cual existe una compleja red de relaciones entre especies y su ambiente.

Pese esto, el investigador advirtió que “esta mayor conectividad también tiene consecuencias: al desplazarse entre flores de distintas especies, los polinizadores transportan y depositan en los estigmas (la parte femenina de la flor donde quedan los granos de polen) una mayor cantidad de polen proveniente de otras especies”.

Por lo anterior, Piñones-Tapia argumentó que “podríamos pensar que recibir más polen se traduce en una mayor producción de semillas, pero no necesariamente es así. El polen de otras especies puede interferir con el propio y afectar la fecundación y el desarrollo de  semillas y frutos. Por ello, una mayor actividad de los polinizadores no implica necesariamente un mayor éxito reproductivo para las plantas”.

La investigación se desarrolló en terreno, en tres comunidades del desierto costero de Atacama, donde se observaron las flores y con ellos se registraron las interacciones con los polinizadores que las visitaban. Además, el equipo instaló cámaras de video para registrar estas interacciones y posteriormente analizarlas en el laboratorio.

Efectos inesperados

El entomólogo y académico de la USerena, Jaime Pizarro-Araya, se refirió a la importancia de estudiar las relaciones presentes en los ecosistemas áridos, tales como el Desierto de Atacama, donde las escasas y variables precipitaciones concentran la floración y la actividad de los polinizadores en períodos breves, por lo que un evento de lluvia puede modificar rápidamente las interacciones entre plantas e insectos.

Ahondando en los hallazgos de la investigación, el investigador USerena recalcó que “uno de los resultados más interesantes del estudio fue que encontramos muy poco recambio en la identidad de los polinizadores entre el año seco y el lluvioso“. Lo que cambió de manera importante fue quién interactuaba con quién y con qué intensidad. Es decir, frente a una mayor disponibilidad de recursos, los mismos componentes de la comunidad pueden reorganizar sus interacciones”.

Según el especialista en Entomología Ecológica, “la polinización en estos ecosistemas depende de un ensamble diverso de insectos. Las abejas fueron el grupo dominante, pero también registramos hormigas, moscas y escarabajos. Su importancia varía según las condiciones ambientales, por lo que conservar los polinizadores del Desierto de Atacama implica considerar no solo a las abejas, sino también a los demás insectos que forman parte de estas redes”.


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