Seguridad sísmica en Chile: Cómo la tecnología de aislamiento sísmico garantiza la seguridad estructural
Tiempo de lectura: 2 minutos Tras las lecciones del 27F, el enfoque ha avanzado de evitar el colapso a garantizar que edificios críticos, como hospitales, sigan operativos tras un gran evento.
Chile no es solo un país sísmico; es un laboratorio natural donde las normativas de construcción se ponen a prueba de manera constante. Esta frecuencia de eventos telúricos ha permitido que la ingeniería nacional evolucione a pasos agigantados, posicionándose como una de las más avanzadas del mundo.
En conversación con Cooperativa Ciencia, Claudio Sepúlveda, académico del Departamento de Obras Civiles de la Universidad Técnica Federico Santa María (USM), profundizó en cómo la tecnología está redefiniendo la seguridad de las estructuras.
Para la ingeniería sísmica moderna en Chile, existe un «antes y un después» marcado por el terremoto del 27 de febrero de 2010 en el Maule. Según Sepúlveda, este evento cambió el objetivo fundamental del diseño sísmico.
El terremoto de 2010 y el cambio de paradigma en la construcción chilena
«Antes de 2010, el paradigma era que una estructura no se cayera para proteger la vida de las personas, aunque el edificio quedara con daños severos. Sin embargo, tras el 27F, entendimos que podemos aspirar a más: a la continuidad de servicio«, explica el académico.
El caso del Hospital Militar fue emblemático. Gracias a la tecnología de aislamiento sísmico, el recinto pudo seguir operando casi inmediatamente después del megasismo. Este éxito impulsó al Ministerio de Salud a exigir que todos los nuevos hospitales en Chile incorporen sistemas de aislamiento.
El objetivo hoy es que, ante un terremoto de gran intensidad, los edificios no solo permanezcan en pie, sino que mantengan su funcionalidad operativa, evitando evacuaciones y pérdidas económicas masivas.
Innovación con carácter local
Una de las tecnologías más efectivas para lograr esta resiliencia es el aislamiento sísmico. En términos sencillos, Sepúlveda detalla que consiste en «separar» la estructura del suelo mediante dispositivos elástoméricos (de goma) o superficies deslizantes.
«Cuando viene un terremoto, el suelo se mueve, pero estos apoyos son tan flexibles que la estructura sobre ellos casi ni lo siente; es como si el edificio estuviera sobre una cuna o sobre hielo», ilustra el experto de la USM.
Actualmente, la investigación en Chile se centra en la simulación híbrida, una técnica que combina modelos numéricos computacionales con ensayos físicos en laboratorio. Esta metodología es crucial porque permite probar dispositivos bajo las condiciones específicas de los terremotos chilenos, que se caracterizan por su larga duración y gran cantidad de ciclos de movimiento, a diferencia de los sismos en lugares como Estados Unidos, que suelen ser más cortos.
Sepúlveda y su equipo han sometido estos aisladores a deformaciones extremas, del orden del 300%. «Probamos qué pasa con un hospital si llega el terremoto máximo considerado. Los resultados muestran que los aisladores con norma chilena resisten incluso más del doble de lo solicitado en el diseño original», afirma.
Con el apoyo de nuevas herramientas como la inteligencia artificial y la mejora constante de las normativas, Chile continúa exportando conocimiento y seguridad, demostrando que la ciencia aplicada es la mejor defensa ante la fuerza de la naturaleza.