100 años del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales: El desafío de fortalecer las áreas protegidas en Chile
Tiempo de lectura: 2 minutos En el marco del centenario del primer parque nacional del país, Francisco Solís, director de The Pew Charitable Trusts en Chile, analiza la importancia de la conservación de la biodiversidad, la labor de los guardaparques y la urgencia de aumentar la inversión pública en nuestro patrimonio natural.
El Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, ubicado en la Región de Los Lagos, cumple 100 años de su creación. Este espacio —el más visitado de Chile con cerca de 800.000 personas al año— pone sobre la mesa una discusión urgente sobre el rol de las áreas protegidas en el desarrollo sostenible y la salud de la población.
En conversación con Cooperativa Ciencia, el director para Chile de The Pew Charitable Trusts, Francisco Solís, destacó que las áreas protegidas hoy son la estrategia más efectiva a nivel global para enfrentar las dos grandes amenazas del siglo XXI: la pérdida de biodiversidad y el cambio climático. Sin embargo, advierte que la relevancia ecológica de estos territorios no siempre se traduce en el respaldo financiero necesario para su gestión.
Más allá de la protección de especies y ecosistemas, el Parque Vicente Pérez Rosales cumple un rol fundamental en la economía local, generando cerca del 40% de la visitación turística de la región. Según Solís, el argumento para invertir en conservación también es económico: «Por cada dólar que el Estado invierte en conservación, se generan seis dólares de economía local. En otros países, esta cifra llega a diez».
Este «retorno de inversión» se manifiesta en el dinamismo de pequeñas y medianas empresas: cafeterías, guías de turismo, servicios de alojamiento y transporte. En Chile, el turismo vinculado a la naturaleza representa cerca del 3% del PIB y genera aproximadamente 700.000 empleos. Pese a estas cifras, Chile se encuentra entre las diez naciones del mundo que menos invierten en sus áreas protegidas, destaca Solís.
Los desafíos del financiamiento y la labor de los guardaparques
La brecha de recursos es evidente al comparar la gestión local con la de países vecinos. Mientras un parque de dimensiones similares en Argentina, como el Parque Nacional Lanín, cuenta con un presupuesto operativo de aproximadamente un millón de dólares, parques chilenos enfrentan costos operativos mínimos, lo que limita la capacidad de respuesta ante amenazas como incendios forestales, especies invasoras o turismo no regulado.
«Los guardaparques de Chile hacen mucho con muy poco. Son, en muchos casos, la única presencia del Estado en territorios aislados junto a Carabineros», explica Solís. Esta situación se vuelve crítica en el Norte Grande, donde la conservación del desierto de Atacama enfrenta desafíos adicionales, como el narcotráfico o el tráfico de vehículos robados que utilizan las áreas protegidas como zonas de paso.
De cara a los próximos 100 años, el desafío no es solo proteger, sino también democratizar el acceso a la naturaleza. Solís destaca la importancia del proyecto para la creación de un área protegida en los ríos Colorado y Olivares, en la Región Metropolitana. Este espacio permitiría que los habitantes de Santiago, independientemente de su condición socioeconómica, puedan experimentar los beneficios de la alta montaña y la naturaleza sin necesidad de costosos traslados.