Científicos desarrollan cinco nuevas variedades de quinoa chilena
Tiempo de lectura: 2 minutos Además de su comercialización, la iniciativa en manos de la Pontificia Universidad Católica (UC) espera generar cultivos más resistentes a la crisis hídrica.
Tras una década de investigación y trabajo en terreno junto a agricultores locales, especialistas de la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC) desarrollaron cinco nuevas variedades de quinoa adaptadas a las exigencias productivas actuales. Registradas ante el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), estas semillas ya se cultivan en campos nacionales y consolidan sus primeros envíos comerciales hacia Europa.
El proyecto, encabezado por el académico e investigador de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la UC, Francisco Fuentes, se inició en 2015 con el objetivo de generar una oferta genética competitiva. Mediante un exhaustivo proceso de cruzamientos, selección agronómica y validación participativa, el equipo logró obtener plantas de alto rendimiento y granos que responden a tendencias alimentarias específicas, tanto en tamaño como en coloración.
«Se partió con un pool de colores importante y que obviamente tuvieran un alto rendimiento y un buen comportamiento agronómico. Comúnmente este proceso termina en un ciclo de diez años y en 2025 se concreta el registro oficial de estas cinco variedades», detalló Fuentes.
Ciencia con arraigo territorial
En reconocimiento a las tradiciones y diversidad del país, las variedades fueron bautizadas como Chucao, Trauco, Nieves, Pangal y Pincoya. Esta propuesta amplía el abanico disponible para los agricultores, incorporando granos blancos de mayor calibre, junto con alternativas de tonalidades rojas y negras.
«Lo interesante es que de manera temprana integramos a los productores. Ellos mismos apoyaron las decisiones porque usamos metodologías participativas. Eso hizo que hoy día entraran fácilmente en el mercado agrícola», agregó Francisco Fuentes.
Alianzas estratégicas, envíos a Europa y el desafío climático
La gestión del proyecto trasciende los laboratorios gracias al respaldo de la Fundación Copec-UC y a una sólida articulación público-privada. En esta etapa han intervenido actores como Agrotop, la Cooperativa Granos del Sur y la firma española Algosur, permitiendo que la investigación científica responda a las demandas reales de la cadena de valor.
Esta sinergia concretó la exportación de 150 toneladas de quinoa chilena a Europa, destacando la variedad blanca Nieves y la roja Trauco. En paralelo, diversas empresas comercializan estos superalimentos en el mercado interno.
De cara al futuro, los investigadores ya proyectan una nueva generación de cultivos enfocados en la resiliencia frente a la crisis hídrica y el cambio climático. Las metas apuntan a obtener plantas de ciclo agronómico más corto y granos libres de saponina, un compuesto amargo cuya eliminación suele encarecer el procesamiento industrial.
«Queremos ser pioneros en tener una base genética para la quinoa nunca antes vista y ser competitivos en el mercado. Eso es lo que estamos consolidando ahora, pensando en el crecimiento de la producción y en los desafíos que vienen para la agricultura chilena», concluyó Fuentes.