Investigadores chilenos concluyen que la divagación mental es un proceso clave para el cerebro
Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio realizado en el Centro Interdisciplinario de Neurociencia UC plantea que estos episodios son una dinámica natural de la actividad cerebral que involucra a varias regiones del cerebro y no de una red específica de éste.
A todos nos ha pasado: estar en una reunión y, de pronto, perder la atención del foco principal y divagar o distraerse. Esto, que es muy común, ha sido considerado por décadas por la ciencia como una especie de «error del cerebro». Sin embargo, un grupo de investigadores propone cambiar esa idea.
Un estudio realizado por miembros del Centro Interdisciplinario de Neurociencia de la Universidad Católica (UC) aportó nueva evidencia acerca de que un episodio de divagación mental no es simplemente una interrupción de la actividad cognitiva, sino que involucra la coordinación de múltiples sistemas cerebrales que van más allá de la tradicional Red de Modo por Defecto.
Esto significa que la divagación mental sería un estado cerebral activo, como lo explica el líder del estudio, Dr. Rodrigo Henríquez: «El trabajo propone entender la divagación mental no simplemente como una falla de la atención, sino como parte de la dinámica natural de nuestra actividad cerebral».
La ciencia tras la distracción
El trabajo, que fue publicado en la revista Scientific Reports, consistió en analizar a pacientes con epilepsia resistente a medicamentos que ya tenían electrodos implantados en el cerebro por razones clínicas.
A ellos se les realizó una tarea de atención en vivo, sobre la cual, a lo largo del ejercicio, tuvieron que indicar si estaban concentrados o distraídos. Mientras eso ocurría, se les midió la actividad cerebral. Allí fue cuando el equipo observó que los períodos de divagación mental involucraban la conexión y coordinación entre diferentes regiones del cerebro.
Además, los investigadores observaron que estos cambios son globales y aparecen de manera abrupta y periódica en la dinámica cerebral, asociados a distintos estados mentales como la atención sostenida, la divagación mental y la somnolencia.
«A través de este ejercicio podemos mirar cómo la actividad cerebral asociada a esos espacios tiene trayectoria diferente. De esta manera, entendemos cómo se organizan las redes del cerebro previamente a que la atención se desacople y comencemos a divagar, nos quedemos dormidos o estemos atentos y distinguimos claramente, como con una huella digital, cada uno de estos eventos mentales que tienen a su vez un correlato neurofisiológico rastreable, medible y cuantificable», detalla Henríquez, quien además es profesor del Departamento de Neurología UC.
El «limpiaparabrisas mental»
Una de las hipótesis de los autores es que la divagación mental debe entenderse no sólo como una pérdida de concentración, sino como un estado que ayuda al cerebro a responder a las múltiples demandas cognitivas y estímulos que provienen del entorno. En este sentido, funcionaría como un «limpiaparabrisas mental».
La divagación mental ayudaría al cerebro a trabajar y reorganizar periódicamente la actividad cognitiva de manera eficiente para manejar la gran cantidad de información y estímulos que procesa de forma continua.
«Estos espacios de ‘ocio mental’ o desacople espontáneo de la atención parecen ser una posibilidad de valor adaptativo que hemos conservado durante la evolución humana, donde la ‘limpieza cíclica sensorial’ ante la abundante carga y estímulos nos ha permitido adaptarnos y coordinarnos con el mundo», explica Henríquez.
Según los investigadores estos períodos de distracción o pérdida de atención, tendrían un rol fundamental en aspectos como el éxito de la atención selectiva, el pensamiento interno, la memoria y la imaginación.
El trabajo contó con la participación del investigador Joaquín Herrero —primer autor y entonces estudiante de doctorado—, junto con los doctores Reinaldo Uribe, Christian Cantillano, Jaime Godoy, Patricio Mellado, Pablo Fuentealba, Pablo Billeke y Francisco Aboitiz.