Estudio muestra que la contaminación y el entorno aceleran el envejecimiento del cerebro
Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación, con participación de científicos de la Universidad Adolfo Ibáñez, determinó que el exposoma —el conjunto de factores ambientales y de estilo de vida— impacta el deterioro cognitivo de forma más severa que incluso un diagnóstico de demencia.
El aire que respiramos, los alimentos que consumimos y el entorno en el que nos desarrollamos tienen un impacto mucho más profundo en nuestra salud cerebral de lo que se pensaba. Así lo confirmó Joaquín Migeot, investigador de BrainLab de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), en conversación con Cooperativa Ciencia. El experto detalló los alcances de un estudio publicado en revista Nature Medicine, que vincula directamente la contaminación y otros factores externos con un envejecimiento cerebral acelerado.
La investigación no solo se limitó a medir el impacto de la polución atmosférica, sino que introdujo el concepto de «exposoma». Este término abarca todas las exposiciones a las que una persona se somete a lo largo de su vida: desde el material particulado fino y el cambio climático (precipitaciones extremas o fluctuaciones de temperatura), hasta el acceso a áreas verdes, la dieta y la posición socioeconómica.
Uno de los hallazgos del estudio es la magnitud del daño que producen estos factores ambientales acumulados. Según Migeot, los investigadores compararon el cerebro de personas con y sin deterioro cognitivo, descubriendo que la acumulación de factores negativos del entorno envejece el cerebro entre dos y tres veces más que el propio hecho de tener demencia.
El impacto del exposoma: Un efecto superior a la demencia
«Era un efecto enorme, te diría uno de los más grandes que he visto de en los años que llevo haciendo ciencia, envejecía muchísimo el envejecimiento cerebral», señaló el investigador. Lo más preocupante es que este daño es sinérgico. Si bien el material particulado fino por sí solo es nocivo, su efecto se potencia drásticamente al sumarse a otros indicadores del exposoma. «Impacta la acumulación de todos estos factores en el envejecimiento (…). Al final no nos serviría de mucho tener un solo factor aislado para entender cómo esto explica el resto», explicó Migeot.
El estudio contó con una muestra global de entre 12.000 y 15.000 sujetos de diversos continentes, incluyendo datos de Chile, África, Asia, Estados Unidos y Europa. Esta diversidad permitió contrastar entornos con bajos niveles de contaminación frente a zonas altamente saturadas, enriqueciendo la variabilidad de los marcadores de envejecimiento cerebral.
Chile tiene potencial de prevención
La relevancia de estos datos para las políticas públicas en Chile es crítica. Actualmente, la comunidad científica global reconoce ciertos «factores de riesgo modificables» para la demencia, como el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad y, de manera destacada, la contaminación ambiental.
A nivel mundial, se estima que el 45% de los casos de demencia podrían evitarse si se trataran estos factores. En Latinoamérica, la cifra sube al 54%. Sin embargo, el dato para nuestro país es alarmante y esperanzador al mismo tiempo: en Chile, el 62% de los casos de demencia podrían prevenirse o retrasarse significativamente si se mejoraran las condiciones del exposoma.
«Aquí en Chile es, te diría, donde tenemos quizá el potencial mayor a nivel mundial para tratar factores de riesgo modificables para la demencia, para generar política pública, para hacer investigación sobre cómo esto impacta la salud cerebral y el envejecimiento», enfatizó el experto del BrainLab.
La evidencia científica sugiere que invertir en mejorar la calidad del aire, aumentar las áreas verdes y promover estilos de vida saludables no es solo un tema de bienestar general, sino una urgencia médica para frenar una crisis de salud cerebral en la población.