Hallan la primera evidencia molecular de la llegada de la viruela a América en restos de Arica
Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación publicada en la revista Science logró recuperar ADN del virus en restos humanos del siglo XVI hallados en el sitio Camarones 9, confirmando el impacto biológico de la colonización europea.
Cinco siglos después de que la viruela se transformara en una de las epidemias más letales en la historia del continente, la ciencia ha logrado obtener una prueba irrefutable de su llegada. Un equipo internacional de investigadores, en el que participó el Instituto de Ciencias Biomédicas (ICBM) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, la Universidad de Tarapacá y el Trinity College Dublin, recuperó por primera vez genomas antiguos de este virus en restos humanos hallados en el norte del país.
El estudio analizó muestras óseas del sitio arqueológico Camarones 9, en la región de Arica y Parinacota. A través de técnicas de paleogenómica, los científicos identificaron a una mujer adulta y a un hombre joven infectados con una variante de viruela hoy extinta, lo que constituye la primera evidencia molecular directa de que la enfermedad fue introducida durante la colonización temprana.
Hasta la publicación de este trabajo en la revista Science, el conocimiento sobre la propagación de la viruela en el Nuevo Mundo dependía exclusivamente de crónicas y documentos coloniales. Sin embargo, los registros históricos suelen ser incompletos o centrarse únicamente en los brotes más masivos.

Evidencia genética en Camarones 9
«Este trabajo nos entrega evidencia molecular directa de un contagio para el que no existían antecedentes históricos. Pudimos reconocer un evento completamente desconocido hasta ahora», destaca la Dra. Constanza de la Fuente, investigadora del Núcleo Interdisciplinario de Biología y Genética (NIBG) de la Universidad de Chile.
La datación de los restos sitúa a ambos individuos entre 1492 y 1631. El análisis genético reveló que ambos poseían la misma variante viral, lo que sugiere que fueron víctimas del mismo brote epidémico. Además, el estudio arrojó que los individuos eran de ascendencia indígena pura, sin rastro genético europeo. Esto demuestra que el patógeno ya circulaba con fuerza entre las comunidades locales, probablemente aprovechando las redes de intercambio de la esfera incaica en los albores de la conquista.
La evolución de un patógeno extinto
Desde la perspectiva de la virología molecular, el hallazgo permite entender cómo el virus de la viruela se especializó hasta convertirse en un patógeno exclusivamente humano. El Dr. Fernando Valiente, investigador del ICBM, explica que el genoma recuperado muestra un proceso de inactivación génica constante que precedió a la viruela moderna.
«Este genoma antiguo demuestra con rigor molecular cómo el patógeno circuló tempranamente en poblaciones nativas americanas a través de redes locales, constituyendo la primera evidencia directa de la huella biológica que la colonización europea dejó en el continente«, señala Valiente.
En el sitio Camarones 9, se habían observado lesiones cutáneas en restos humanos que históricamente se atribuyeron a la exposición crónica al arsénico, un problema común en la zona. No obstante, los investigadores plantean ahora que dichas marcas podrían haber sido, en realidad, manifestaciones físicas de la viruela.
Como destaca la Dra. De la Fuente, el impacto de la colonización no fue solo cultural o demográfico, sino un fenómeno biológico que quedó grabado en el ADN de quienes lo vivieron.