Estudian trigos locales como clave para enfrentar la sequía severa
Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio liderado por investigadoras de la Universidad de Chile reveló que las variedades locales de trigo poseen una mayor estabilidad de rendimiento y eficiencia en el uso del agua que las variedades modernas.
Un equipo de especialistas de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile estudia los trigos tradicionales o landraces, descubriendo que estas semillas, cultivadas por generaciones, poseen ventajas comparativas para resistir condiciones de sequía severa.
La investigación, publicada en la revista Frontiers in Sustainable Food Systems, comparó siete variedades tradicionales —Blanco, Cebolla, Chucho, Colorado, Furfuya, Legul y Milufen— con tres variedades modernas de alto rendimiento: Kipa INIA, Onda y Pandora INIA. Las pruebas se realizaron durante dos años en diez ambientes distintos de las regiones Metropolitana y de Ñuble, enfrentando a los cultivos a condiciones de sequía extrema.
Los resultados mostraron que, mientras que las variedades modernas están diseñadas para maximizar el rendimiento en condiciones óptimas de riego y nutrientes, su productividad cae drásticamente ante la falta de agua. En contraste, los trigos locales demostraron una mayor biomasa, una eficiencia intrínseca superior en el uso del agua y, sobre todo, una notable estabilidad en su rendimiento.
«Las variedades modernas son de alto rendimiento, pero se han desarrollado para ambientes óptimos. Bajo condiciones de sequía, su rendimiento empieza a caer», explica la profesora Paola Silva, investigadora del estudio junto a las doctoras Marcela Opazo y Victoria Figueroa-Bustos, del Laboratorio de Relación Suelo-Agua-Planta.
En cambio, las variedades tradicionales, aunque producen menos grano en años de abundancia, mantienen una producción constante cuando el agua escasea, lo que las convierte en un seguro para los agricultores del secano.
«Furfuya»: Una promesa para el mejoramiento genético
Entre los hallazgos destaca la variedad Furfuya, un trigo tradicional que presentó producción estable de biomasa, alta eficiencia hídrica y un ciclo de desarrollo rápido, similar al de los trigos modernos. Según las investigadoras, esta variedad es una candidata ideal para actuar como «material parental» en futuros programas de mejoramiento genético.
«La gracia de los landraces es que son materiales ya adaptados; quiere decir que florecen en los momentos oportunos», señala Silva. Esta adaptación es especialmente valiosa para los sectores del secano interior de las regiones de O’Higgins, Maule y Ñuble, donde el suelo y el clima imponen desafíos extremos desde las primeras etapas del crecimiento de la planta.
Identidad nacional y reservorio genético
El estudio subraya que la conservación de estas semillas es un acto de resguardo cultural. Muchas de estas variedades se mantienen vivas gracias a comunidades rurales que las utilizan para elaborar productos típicos como harina tostada, mote o café de trigo, o para la artesanía en paja, como las tradicionales chupallas.
«Si se perdieran las variedades utilizadas para la artesanía, también perderíamos la posibilidad de producir nuestras chupallas de paja de trigo, que son una pieza de la identidad nacional«, advierte Silva. Por su parte, la doctora Marcela Opazo destaca que, a diferencia de las semillas guardadas en bancos, las que se mantienen en los campos siguen evolucionando y adaptándose al clima actual.