Histórico hallazgo de las primeras huellas fósiles de un mamífero en la Antártica
Tiempo de lectura: 2 minutos Un equipo liderado por el Instituto Antártico Chileno identificó pisadas de 55,5 millones de años en la isla Rey Jorge, confirmando por primera vez la presencia de pequeños mamíferos carnívoros en el ecosistema del Eoceno temprano.
Un reciente estudio publicado en la revista científica Polar Biology reveló el descubrimiento de huellas fósiles pertenecientes a un mamífero en la Formación Fossil Hill, situada en la isla Rey Jorge en la Antártica, hallazgo que marca un nuevo hito para la paleontología internacional.
El espécimen, catalogado como T-313 y custodiado en la colección de la Universidad de Chile, consiste en un molde natural de la huella de una mano y un pie preservado en sedimento volcánico.
Mediante dataciones radiométricas, los investigadores determinaron que la impronta posee una antigüedad aproximada de 55,5 millones de años, datando del periodo Eoceno temprano, apenas 10 millones de años después de la extinción masiva de los dinosaurios.
Características del hallazgo
La marca mejor conservada mide dos centímetros de largo por dos de ancho y exhibe una postura digitígrada, una almohadilla plantar compacta y al menos tres impresiones digitales. A partir de estas características, el equipo investigador estimó que el animal poseía una masa corporal mínima de 1,3 kilogramos.
Las proporciones sugieren que se trataba de un metaterio esparasodonte (Sparassodonta), un grupo extinto de mamíferos depredadores hipercarnívoros de hábitos terrestre-arborícolas emparentados con los marsupiales, semejantes en tamaño y nicho ecológico a una comadreja o un tejón moderno.
«Estas son las primeras huellas de mamífero conocidas en la Antártica y representan la evidencia más antigua de un mamífero carnívoro en todo el continente», expresa Héctor Mansilla Vera, investigador del Departamento Científico del Instituto Antártico Chileno (INACH) y autor principal del artículo.
Hasta la fecha, las reconstrucciones ecológicas situaban a las gigantescas aves depredadoras Phorusrhacidae —conocidas como «aves del terror»— como los únicos carnívoros terrestres de la península Antártica. Por lo anterior, este hallazgo demuestra que la red trófica previa al congelamiento del continente era sustancialmente más compleja de lo estimado.
La investigación se desarrolló en colaboración con científicos argentinos del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata. El descubrimiento resalta el valor patrimonial de Fossil Hill, una zona protegida ubicada cerca de la base científica Profesor Julio Escudero y reconocida por ser el único sitio antártico del Eoceno que conserva huellas continentales.