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El picaflor chico en Concepción: Los secretos del colibrí más austral del mundo

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Tiempo de lectura: 2 minutos Esta especie nativa, reconocida por su asombroso metabolismo y su capacidad migratoria, encuentra en los jardines de la Universidad de Concepción el alimento y cobijo necesarios para enfrentar las bajas temperaturas.

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Los agudos trinos que resuenan en las últimas semanas por Concepción anuncian el regreso del picaflor chico. La llegada de estas poblaciones migratorias transforma las áreas verdes de la Universidad de Concepción (UdeC) en un laboratorio vivo donde la naturaleza y la urbanidad convergen.

Es habitual observar a estas diminutas aves sobrevolar las franjas de Aloe arborecens, conocida popularmente como planta candelabro o pulpo. Según explica el Dr. José Valdebenito Chávez, académico del Departamento de Zoología de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas UdeC, estas aves defienden su alimento.

«Son muy territoriales, muy buenos para pelear. Si hay un lugar con muchas flores de buena calidad, es muy probable que haya un picaflor tratando de dominar el área», comenta el especialista en ornitología.

El acelerado metabolismo del picaflor chico

El picaflor chico pertenece a la familia de los troquílidos, un grupo que habita exclusivamente en América y que en Chile cuenta con nueve representantes. Su supervivencia depende de una dieta de alto valor energético. Debido a que poseen el metabolismo más rápido entre los animales de sangre caliente, estas aves necesitan consumir hasta la mitad de su peso corporal en alimento cada día.

Su dieta se basa principalmente en néctar, complementada con pequeños insectos. Para obtener este combustible, el ave ha desarrollado el vuelo estacionario, una especialización evolutiva que le permite mantenerse estático frente a la flor mientras extrae el líquido. El corazón de un picaflor late entre 1.200 y 1.260 veces por minuto, mientras que sus alas se agitan entre 80 y 90 veces por segundo.

Evolutivamente, esta relación con las flores comenzó hace unos 22 millones de años. El nombre científico de la especie, Sephanoides sephaniodes, proviene del griego sephan (corona o diadema) y oides (similar a), en alusión a la llamativa coloración rojiza e iridiscente que lucen los machos en su cabeza.

Migración y refugio

El picaflor chico es un migrante parcial, lo que significa que mientras algunas poblaciones son residentes, otras se desplazan según la estación. Durante el verano, muchas de estas aves se mueven hacia el sur, llegando incluso hasta el Cabo Hornos, lo que convierte al Sephanoides sephaniodes en el colibrí más austral del mundo.

«Por eso en el verano ya no se ven muchos picaflores en el Campus. La densidad baja bastante porque se dispersan hacia el sur para su periodo reproductivo«, señala Valdebenito. Sin embargo, al llegar el invierno, las poblaciones regresan hacia latitudes más templadas huyendo del frío extremo.

La diversidad de árboles y la abundancia de plantas ornamentales con floración invernal del Campus Concepción de la Universidad de Concepción ofrecen un suministro constante de energía.


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