Miel chilena: El potente antibiótico natural que nace en el desierto de Atacama y Coquimbo
Tiempo de lectura: 2 minutos La investigadora emérita de la Universidad Católica, Gloria Montenegro, lidera una investigación que busca transformar la miel de zonas áridas en un superalimento capaz de combatir bacterias como el Staphylococcus aureus y la Escherichia coli.
Gloria Montenegro, académica de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la Universidad Católica y postulante al Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas 2026, ha dedicado décadas a desentrañar los secretos biológicos de la miel nacional. A sus 85 años, su trabajo se centra en el uso de mieles de las regiones de Atacama y Coquimbo como potentes antibióticos naturales.
A diferencia de las mieles producidas en otras latitudes, el producto chileno se caracteriza por su origen botánico. Al provenir de plantas endémicas y nativas, estas mieles heredan compuestos químicos —como fenoles y flavonoides— que las plantas desarrollan para sobrevivir en entornos extremos.
Esta memoria química otorga a la miel propiedades antibacterianas que hoy están siendo probadas clínicamente para enfrentar la creciente crisis de resistencia a los antibióticos.
La ciencia tras la miel antibacteriana
La investigación liderada por la profesora Montenegro se centra en la identificación de mieles que nunca antes habían sido descritas para la ciencia mundial. Específicamente, aquellas que se originan en el Desierto de Atacama. «Estamos encontrando mieles que se originan a partir de flores del desierto, y nos tiene muy entusiasmados porque tienen propiedades antibacteriales muy interesantes», explica la investigadora.
A través de un enfoque interdisciplinario que involucra a químicos, botánicos y médicos, el equipo de la UC ha logrado aislar extractos bioactivos de estas matrices. El objetivo es combatir tres bacterias patógenas humanas: Staphylococcus aureus, Escherichia coli y Salmonella typhi.
La investigación busca la fortificación de la miel. El proceso consiste en extraer los compuestos bioactivos de una miel y reincorporarlos en una concentración mayor a la misma matriz. «Hemos aumentado significativamente el poder antibacterial de la miel, y esto es nuevo para el mundo. Nunca se ha hecho la fortificación de la miel con su propio extracto bioactivo«, señala la académica.
Innovación con sello local
La investigación se desarrolla de la mano con apicultores locales de Atacama y Coquimbo, quienes han enfrentado desafíos climáticos extremos en los últimos años.
La meta es dotar a la miel de Atacama de una denominación de origen, posicionándola como un producto único a nivel global, similar a lo que Nueva Zelanda logró con la famosa miel de Manuka. Esto permitiría que un producto que hoy se comercializa de forma simple, pueda aumentar su valor exponencialmente al ser reconocido como un alimento funcional con respaldo científico.
«La innovación es el motor del desarrollo. No nos podemos quedar solo en describir lo que encontramos; debemos agregar valor a los productores«, enfatiza Montenegro.