Cuatro estudios científicos en la carrera mundial contra el hantavirus
Tiempo de lectura: 3 minutos A raíz del reciente brote de la variante Andes en un crucero en la Patagonia, cuatro investigaciones nacionales destacan por el desarrollo de terapias experimentales y métodos de diagnóstico que buscan frenar una enfermedad letal.
El brote de hantavirus detectado en el norte de la Patagonia argentina, vinculado a pasajeros del crucero MV Hondius y que ya registra víctimas fatales y contagios en estudio, ha puesto nuevamente en el foco la variante Andes. Se trata de la única en el mundo capaz de transmitirse de persona a persona. Ante la ausencia de una vacuna o tratamiento antiviral aprobado globalmente, la ciencia chilena se alza como el referente principal para combatir esta amenaza.
Durante años, investigadores de universidades chilenas, entre ellos Pablo Vidal, María Inés Barría, Alejandro Rojas y Marcela Ferrés, han liderado el estudio del virus, pasando del uso de plasma de sobrevivientes al desarrollo de anticuerpos monoclonales y tecnología basada en camélidos.
El Dr. Pablo Vial, investigador de la Clínica Alemana Universidad del Desarrollo (UDD), comenzó este camino a finales de los noventa. Su equipo fue pionero en 2008 al implementar un tratamiento con plasma inmune, que consistía en transfundir anticuerpos de sobrevivientes a pacientes críticos.
Si bien el método mostró éxito en hospitales públicos, Vial reconoce que la logística de almacenamiento y la corta ventana de oportunidad para aplicarlo —antes de que el paciente llegue a la UCI— han sido desafíos constantes.
El salto a los anticuerpos monoclonales
«Estamos enfocados en un producto farmacológico más potente y producible en laboratorio: los anticuerpos monoclonales«, explica el Dr. Vial. Este avance permitiría estandarizar el tratamiento sin depender de donaciones de sangre constantes, atacando al virus con precisión quirúrgica. Además, Vial ha sido pieza clave en el asesoramiento a centros europeos tras el brote en el MV Hondius, aportando la experiencia chilena en protocolos de aislamiento y manejo clínico.
En esta misma línea, la Dra. María Inés Barría, académica de la Universidad de Concepción (UdeC), ha desarrollado anticuerpos monoclonales 100% humanos. Tras diez años de investigación, su equipo logró aislar proteínas de sobrevivientes del sur de Chile que han demostrado, en modelos preclínicos realizados en Estados Unidos, ser capaces de eliminar completamente el virus de los pulmones.
«Estamos en búsqueda de fondos para escalar a la fase clínica. El modelo de referencia ya probó que nuestra terapia protege contra el desafío letal del virus Andes», señala Barría.
Nanoanticuerpos de alpaca: investigación desde el sur de Chile
Una de las innovaciones más sorprendentes proviene de la Universidad Austral de Chile (UACh). El Dr. Alejandro Rojas lidera un proyecto que utiliza el sistema inmune de las alpacas para generar nanoanticuerpos. A diferencia de los humanos, estos camélidos producen anticuerpos mucho más simples y pequeños, lo que facilita su producción a gran escala, similar a cómo se fabrica la insulina.
«Hemos sido capaces de entrenar el sistema inmunológico de la alpaca ‘Martín’. Logramos aislar anticuerpos que bloquean la unión del virus a la célula humana«, comenta Rojas. Esta tecnología ya cuenta con patentes en Chile, Europa y Argentina.
Además de la terapia, Rojas destaca la importancia de la detección temprana: junto a científicos de Corea del Sur, han desarrollado test rápidos para zonas rurales que permiten identificar el virus incluso antes de que aparezcan los síntomas graves, evitando que la enfermedad progrese al temido síndrome cardiopulmonar.
El rol de la saliva y la transmisión persona a persona
Comprender cómo se contagia el virus es fundamental para la prevención. La Dra. Marcela Ferrés, infectóloga de la Red de Salud UC CHRISTUS, se ha dedicado a estudiar el comportamiento del virus Andes. Sus investigaciones, publicadas en revistas de alto impacto como The Lancet, confirmaron que el virus está presente y activo en la saliva y secreciones orales de los pacientes infectados.
«Lo interesante es que refuerza que los fluidos orales, saliva, secreciones respiratorias, que se pueden compartir con otra persona susceptible al virus, pudiera ser la vía transmisora de contagio a un segundo sujeto que no tiene defensas, no tiene anticuerpos contra el virus», explica Ferrés. Este hallazgo ha permitido a las autoridades chilenas mejorar las recomendaciones de seguimiento de contactos y establecer alertas tempranas.
Según la investigadora, la clave para reducir la mortalidad —que hoy ronda el 30%— es el monitoreo semanal de los contactos estrechos mediante pruebas genómicas para detectar el virus en la sangre antes de que el pulmón y el corazón se vean comprometidos.
Pese a los notables avances, la comunidad científica nacional coincide en un punto: la necesidad de mayor financiamiento para llevar estas terapias del laboratorio al paciente.