Cancelación de ruido: Descifran cómo los elefantes logran entenderse
Tiempo de lectura: 3 minutos Una investigación determinó que estos animales son capaces de aislar el sonido en sus grande orejas como si usaran unos modernos audífonos.
Una investigación de la Universidad de Harvard reveló uno de los secretos mejor guardados del mundo animal. Se trata de la comunicación entre elefantes.
Hasta ahora, se sabía que cuando un elefante barrita -una vocalización fuerte que estos animales usan para comunicarse-, el sonido viaja hasta cinco kilómetros. También, se sabía que cuando golpean el suelo generan ondas que llegan hasta a 10 kilómetros de distancia. Lo que no se sabía es cómo ese sistema de comunicación funcionaba, ni cómo estos animales convierten esas ondas en información. El estudio de Harvard tiene una respuesta.
Publicado en la revista Frontiers in Audiology and Otology, el resultado es tan complejo como sorprendente: los elefantes usan los huesos de las patas para canalizar las ondas sísmicas y conducir los mensajes desde el suelo hasta el cráneo y el oído interno, donde los descodifican.
Un asunto de vibraciones
Para realizar la investigación, el equipo empleó huesos temporales de elefantes y humanos -la parte del cráneo que alberga el oído medio e interno- y, mediante tecnología láser, midieron cómo vibraban los pequeños huesos del oído medio ante estímulos de distintas frecuencias.
Los resultados demostraron que los humanos escuchan mejor en alta frecuencia, puesto que el oído medio de una persona vibra de forma óptima a 1,2 kHz. En cambio, el oído medio de los elefantes está diseñado para el rango de los graves y vibra con mayor eficacia a una frecuencia de unos 400 Hz.
La diferencia, por lo tanto, entre humanos y elefantes, es sólo una cuestión de escala. Los tímpanos de un elefante son siete veces más grandes y los huesos de su oído medio son nueve veces más pesados que los de un humano, lo que les otorga una sensibilidad única para captar las vibraciones más profundas de la tierra.
«Gracias al tamaño de sus orejas, los elefantes pueden transmitir mejor los sonidos de baja frecuencia a la cóclea. Esta especialización se debe a que la cóclea se adapta a esta mayor entrada de información y genera respuestas neuronales que el cerebro puede usar e interpretar para la comunicación», explica Sunil Puria, autor principal del estudio y profesor asociado de la Facultad de Medicina de Harvard y del Massachusetts Eye and Ear.
El gran secreto
Pero el gran secreto que reveló el estudio es cómo estos mamíferos optimizan esta señal para sí entenderla.
En el caso humano, cuando una persona usa audífonos intrauditivos, o in ear, experimenta lo que se conoce como «efecto de oclusión». Esto es que los sonidos externos se apagan, pero los ruidos propios o internos de la persona, se magnifican: caminar, masticar, etc.
Pues bien, los elefantes convirtieron ese efecto en una ventaja, ya que pueden cerrar voluntariamente el canal auditivo externo, como si tuvieran integrados unos audífonos con cancelación de ruido, tal como los AirPods. Entonces, al contraer este músculo «los elefantes producen vocalizaciones infrasónicas en el rango de frecuencia de 10 a 20 Hz», explica la primera autora, Caitlin O’Connell-Rodwell, del Departamento de Otorrinolaringología de la Facultad de Medicina de Harvard.
«Según nuestras estimaciones, la capacidad de los elefantes para cerrar sus conductos auditivos podría mejorar su audición por conducción ósea hasta 30 veces al escuchar estas frecuencias infrasónicas», apunta Sunil Puria.
No obstante, si bien el tejido de elefante es difícil de obtener, lo cual para los investigadores resulta en una limitación a las conclusiones del estudio, el campo que abre es fascinante.
«Hay pocas criaturas más majestuosas que los elefantes. Sus características de comportamiento podrían comprenderse mejor a través de su capacidad auditiva. Necesitamos mejores datos sobre su sensibilidad auditiva absoluta en todas las frecuencias, tanto con estimulación por vía aérea como ósea. Lo hemos intentado y hemos comprobado que es más fácil decirlo que hacerlo», concluye Puria.