En vivo 🟠 SEÑAL ONLINE

Sistemas frontales vuelven a poner en alerta la fragilidad de la costa en Arauco

  -

Tiempo de lectura: 4 minutos La erosión costera, la transformación de humedales y la ocupación de terrenos bajos se combinan forman una peligrosa combinación donde los procesos naturales de la costa están estrechamente vinculados con el riesgo que enfrentan sus habitantes.

Comparte:

Luego de los sucesivos sistemas frontales ocurridos entre mediados y fines de julio, en la zona centro sur se ha ido revelando una de las consecuencias más peligrosas, más allá de las inundaciones y los estragos generados por la gran cantidad de agua caída: la fragilidad costera.

En el sector de Curaquilla, entre Arauco y Tubul, la distancia entre la línea de la costa y los cimientos de las pocas casas de la zona se redujo de manera notable.

Ignacio Fernández, una habitante del lugar, construyó su casa en el borde costero, a varios metros de la orilla del  mar y sobre un palafito de dos metros de alto. Sin embargo, el 31 de julio de 2024 otro temporal erosionó su terreno y el mar avanzó aproximadamente 10 metros, dejando su hogar en riesgo.

Explicación humana

Pero el afectado no le atribuye toda la responsabilidad al fenómeno. La intervención humana tiene algo que decir.

Junto a su propiedad existe un humedal, el humedal de Curaquilla, que ha sufrido una transformación artificial que ha afectado el funcionamiento natural del ecosistema exponiendo, por consiguiente, a las viviendas frente a eventos climáticos de este tipo. Se trata de una intervención que consiste en rellenar y bloquear algunos sectores del humedal.

“Antes el humedal era como una esponja. Cuando ocurrió el maremoto de 2010, el agua entró y después pudo salir por las desembocaduras. Hoy esa vía de descarga está bloqueada”, sostiene Fernández, quien reclama por la recuperación del sector para reducir el riesgo que enfrenta su casa.

Costa en transformación

Al respecto, el Dr. Cristián Araya, investigador que bajo la dirección de la Dra. Carolina Martínez, académica del Instituto de Geografía UC y directora del Centro Observatorio de la Costa, ha estudiado la evolución morfológica del Golfo de Arauco, donde se emplaza Curaquilla, explica que la configuración actual de la zona es también resultado de procesos geológicos que se han desarrollado durante siglos, además de los efectos que el terremoto del 27 de Febrero de 2010 produjo.

Por medio de imágenes satelitales, Araya, cuya investigación doctoral dirigida por Martínez, se llamó “Evolución geomorfológica holocena del Golfo de Arauco en un contexto de ciclo sísmico y cambio climático”,  reconstruyó distintas etapas de la evolución de la costa. En el proceso, determinó que “después del terremoto de 2010 se produjo un levantamiento de la costa que permitió que la playa se ampliara considerablemente. Sobre esos terrenos que quedaron expuestos comenzaron posteriormente a desarrollarse la construcción de viviendas”.

No osbtante es un proceso dinámico, que ya que de acuerdo con los antecedentes analizados por Araya, el sector presenta actualmente un proceso de subsidencia o hundimiento intersísmico del orden de 16 milímetros por año.

Esto significa que, con el paso de las décadas, estas zonas bajas pueden quedar nuevamente más expuestas a inundaciones y al avance del mar. “Estamos hablando de terrenos que corresponden a antiguas planicies estuariales, es decir, espacios que en el pasado reciente estuvieron ocupados por el mar. Por eso son terrenos naturalmente bajos y dinámicos, donde cualquier cambio en el nivel del mar, en la morfología de la playa o en la frecuencia e intensidad de eventos extremos puede modificar rápidamente las condiciones de exposición”, señala el Araya.

Pero además, a estos procesos naturales se deben agregar como factores, según los datos obtenidos por una investigación realizada por la propia Carolina Martínez, los cambios provocado por las marejadas en los últimos años, que sumados a los efectos de la urbanización, la alteración de las cuencas de ríos y esteros; y la proliferación de loteos en áreas rurales del Golfo de Arauco, han incidido en altas tasas de erosión costera, que de acuerdo a los resultados del estudio de la académica (Fondecyt 1241922) el litoral arenoso de Arauco-Laraquete ha pasado de retrocesos de -0,14 m/año entre 1992 y 2021 a -0,89 m/año entre 1992 y 2025.

Humedales protectores

En este escenario, la transformación de los humedales costeros adquiere especial importancia ya que estos ecosistemas forman parte de sistemas costeros dinámicos y cumplen funciones que pueden contribuir a amortiguar inundaciones y almacenar temporalmente agua durante determinados eventos, tal como lo explicaba Ignacio Fernández, vecino afectado por la abudante cantidad de lluvia y las fuertes marejadas. Por eso, el relleno o intervención de estos ambientes puede alterar los flujos de agua y sedimentos y modificar las condiciones geomorfológicas del entorno.

Ahora bien, determinar la responsabilidad específica de una intervención particular sobre la erosión observada en Curaquilla requiere estudios técnicos. Pero lo que si refleja la situación es la vulnerabilidad que se genera cuando la ocupación urbana avanza en territorios cuya dinámica natural no ha sido considerada adecuadamente.

Tal como lo ha señalado Carolina Martínez, directora del Centro UC Observatorio de la Costa, «la costa es un sistema, y como tal, requiere una comprensión holística que permita proteger sus ecosistemas vulnerables, reducir el riesgo de la población y orientar un desarrollo realmente sostenible”.

Según explica la académica, el caso de Ignacio Fernández representa mucho más que el problema particular de una vivienda amenazada por la erosión. Más bien es la expresión de un desafío que se repite en distintos puntos del litoral chileno: cómo ocupar y desarrollar la zona costera sin desconocer que se trata de un territorio dinámico, condicionado por terremotos, cambios en el nivel del mar, marejadas, precipitaciones extremas y procesos naturales de erosión y sedimentación.

Construcción social del riesgo

Por lo demás, en Curaquilla confluyen varias de las condiciones mencionadas: terrenos bajos, una costa modificada por el ciclo sísmico, procesos de erosión y una creciente exposición a eventos extremos. “A ello se suma la transformación de ecosistemas que históricamente han formado parte del funcionamiento natural de la zona. Los recientes sistemas frontales y la concatenación de los eventos extremos de marejadas y ríos atmosféricos han vuelto a demostrar que el riesgo no depende únicamente de la intensidad de un evento meteorológico. También hay una construcción social del riesgo del cual aún no nos hacemos cargo como sociedad y Estado”, recalca Carolina Martínez.

Ambos investigadores destacan que casos como este refuerzan la necesidad de avanzar hacia una Ley de Costas que promueva la gestión integrada considerando la fragilidad de los ecosistemas de playas y humedales.


Te puede interesar