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Estudio confirma que la sensibilidad a las cosquillas es igual en todas las culturas

Estudio confirma que la sensibilidad a las cosquillas es igual en todas las culturas

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Tiempo de lectura: 2 minutos El estudio, publicado en Nature Human Behaviour, revela que personas de orígenes tan diversos como China, Grecia y Países Bajos comparten los mismos puntos críticos de sensibilidad, confirmando que el mapa de las cosquillas es una constante biológica distinta al tacto común.

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Desde los tiempos de Aristóteles y Sócrates, la ciencia se ha preguntado por la reacción con risa y espasmos ante un roce específico en ciertas partes del cuerpo. A pesar de ser una experiencia cotidiana, la sensibilidad a las cosquillas ha permanecido como un misterio evolutivo. Sin embargo, una reciente investigación internacional ha demostrado que esta percepción no está influenciada por el entorno cultural, sino que responde a un patrón somatosensorial universal.

El trabajo, encabezado por los investigadores Ziliang Xiong y Konstantina Kilteni de la Universidad Radboud (Países Bajos), analizó las respuestas de 448 adultos de tres contextos culturales drásticamente diferentes: chino, neerlandés y griego. Los resultados concluyeron que, independientemente del idioma o las costumbres, el cuerpo humano reacciona de forma casi idéntica ante este estímulo.

Un mapa corporal compartido

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la identificación de una «topografía» de las cosquillas que se repite en todos los individuos. Los participantes identificaron sistemáticamente cuatro zonas críticas: el cuello, las axilas, el abdomen y las plantas de los pies. En estos tres grupos culturales, la reacción predominante fue la risa, lo que refuerza la idea de que las cosquillas poseen una raíz biológica y neurobiológica común.

Según los datos recopilados, el 98,4% de los encuestados afirmó haber sido cosquilleado al menos una vez en su vida, mientras que el 71% se definió como una persona moderadamente o muy cosquillosa. Lo que hace especial a esta investigación es que logra separar la sensación de las cosquillas de otros mapas corporales ya conocidos, como los del dolor, el placer o el tacto simple.

«Extrajimos un mapa corporal de alta resolución de la sensibilidad a las cosquillas y demostramos que se generaliza entre culturas e individuos», señalaron los expertos. Esto sugiere que el cerebro procesa las cosquillas a través de perfiles fisiológicos y neuronales distintivos.

¿Sentimos más donde menos esperamos?

La investigación también arroja luz sobre por qué algunas zonas son más sensibles que otras. Los científicos descubrieron que la sensibilidad al cosquilleo es más intensa en las regiones del cuerpo que suelen estar menos expuestas al tacto cotidiano. Este hallazgo respalda una de las teorías propuestas por Charles Darwin, quien sugería que la sorpresa y la falta de habituación táctil jugaban un rol clave en esta respuesta.

Sin embargo, el equipo advierte que ninguna teoría actual logra explicar el fenómeno en su totalidad. La sensibilidad parece ser el resultado de una interacción compleja entre factores sensoriales, fisiológicos y psicológicos, como el estado de ánimo.


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