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Nidos lingüísticos: La estrategia que busca rescatar la lengua aymara en Tarapacá

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Tiempo de lectura: 2 minutos Comunidades escolares de Quipisca, Iquique y Alto Hospicio rescatan su patrimonio ancestral mediante la metodología de nidos lingüísticos, conectando a las nuevas generaciones con sus raíces.

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En las localidades de Quipisca, Alto Hospicio e Iquique, una lengua vuelve a resonar con fuerza en las voces de los más pequeños. Se trata de los nidos lingüísticos, espacios de aprendizaje donde niñas, niños y sus familias se sumergen en la lengua aymara a través del juego, el canto y la oralidad.

Esta iniciativa es parte del proyecto «Mujeres y Niñeces Indígenas: Transformando Entornos», impulsado por el Programa Originarias de ONU Mujeres en colaboración con la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Arturo Prat. El objetivo es evitar la extinción de la lengua y fortalecer la cohesión social en un territorio marcado por la diversidad cultural.

A diferencia de los métodos tradicionales de enseñanza, los nidos lingüísticos buscan que el aymara habite los espacios cotidianos. En la escuela Yatichawi de Quipisca, los estudiantes utilizan herramientas didácticas como memorices y sopas de letras.

Aprender jugando

«No solamente se enseña lengua, sino también costumbres y tradiciones. Es un aporte a la revitalización lingüística y la identidad territorial», explica Marisela Challapa, yatichiri (profesora) y educadora intercultural bilingüe. Los propios estudiantes, como Antonia y Matías, destacan que estos espacios les permiten «hacer amigos y compartir», validando que la lengua es, ante todo, un vínculo social.

En la Escuela Chipana de Iquique, Keysi Quispe, estudiante de octavo básico, relata cómo el programa le permite recuperar palabras perdidas y comunicarse mejor con su familia en Bolivia. Esta dimensión intergeneracional es clave, ya que cuando los niños aprenden la lengua de sus abuelos, se reconstruye un puente de memoria que había sido debilitado por la urbanización y la castellanización.

Una alianza para el patrimonio inmaterial de Tarapacá

El proyecto opera actualmente en la Escuela Yatichawi (Quipisca), la Escuela Chipana (Iquique) y el Colegio Metodista Robert Johnson (Alto Hospicio). En algunos de estos establecimientos, más del 60% de los estudiantes posee ascendencia indígena o migrante.

Rebeca Sanhueza, gerenta del Programa Originarias, enfatiza que la lengua es la base de la cultura. «Transmitir el idioma y los conocimientos ancestrales a las nuevas generaciones mantiene viva las identidades y patrimonios culturales de esta región», señala. Por su parte, el académico de la UNAP, Daniel Moscoso, recalca que el uso de instrumentos ancestrales y cuentos es fundamental para fomentar el respeto por la interculturalidad desde la infancia.

«En Tarapacá, los nidos lingüísticos están sembrando mucho más que aprendizajes, están fortaleciendo identidad, memoria y pertenencia. Cada palabra que una niña o un niño pronuncia, cada canción y cada historia compartida, nos recuerda que una lengua no solo se enseña, sino que también  se transmite y, cuando vuelve a las nuevas generaciones, vuelve también a vivir», concluye la Dra. Marcela Quintana, decana de la Facultad de Ciencias Humanas de la UNAP.


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