Estudio advierte declive de la lagartija negroverdosa de Altos de Cantillana
Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Chile reveló que la población de esta especie en la Región Metropolitana constituye una unidad genética aislada y en declive.
Un análisis genético reveló que la lagartija negroverdosa (Liolaemus nigroviridis), especie endémica de Chile central, enfrenta un escenario complejo frente al cambio climático. En particular, la población que vive en las zonas altas de la Reserva Natural Altos de Cantillana, en la Región Metropolitana, sería una unidad genética única y aislada.
El estudio, liderado por el investigador Jorge Mella-Romero de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, evaluó la estructura genética de la especie desde la Región de Coquimbo hasta O’Higgins.
Los resultados muestran que la población de Cantillana no solo está genéticamente diferenciada de otras montañas, sino que además presenta señales de declive en los últimos miles de años.
Atrapadas en «islas de cielo»
Las cumbres montañosas funcionan como «islas de cielo«, ecosistemas aislados, rodeados por ambientes más áridos o transformados. Cuando aumentan las temperaturas o disminuyen las precipitaciones, las especies que viven allí tienen pocas opciones de desplazamiento.
«Estamos hablando de organismos que viven en cumbres, con muy poca posibilidad de desplazarse hacia otros ambientes cuando las condiciones cambian», explica Mella-Romero. En Cantillana, la especie habita a unos 1.834 metros sobre el nivel del mar.
Si bien la lagartija puede moverse dentro de una misma montaña, su capacidad de dispersión entre distintos cordones montañosos es muy limitada.
Huella genética y declive poblacional
Para el estudio, el equipo analizó marcadores genéticos de alta resolución, como SNPs y ADN mitocondrial, con el fin de reconstruir la historia poblacional de la especie.
Los ejemplares fueron capturados en distintas montañas de la cordillera de la Costa y de los Andes. A cada individuo se le extrajo un pequeño fragmento de la cola y luego fue liberado en su hábitat natural, siguiendo los protocolos éticos de la Universidad de Chile y con autorización del Servicio Agrícola y Ganadero.
El análisis reveló una marcada diferenciación genética entre montañas. «Cuando estas poblaciones quedan aisladas durante miles de años, comienzan a diferenciarse genéticamente y a volverse cada vez más únicas. La población de Cantillana, en particular, es genéticamente muy distinta a otras poblaciones de la cordillera de la Costa», señala el investigador.
Además, los datos indican una disminución sostenida en el tamaño poblacional durante los últimos dos mil años. «Se trata de una población única que está disminuyendo rápidamente», enfatiza.
Prioridad de conservación
La combinación de aislamiento geográfico, reducción poblacional y entorno altamente intervenido aumenta la vulnerabilidad de esta lagartija frente al cambio climático y al cambio de uso de suelo.
Aunque el área presenta baja intervención humana, los investigadores advierten que es clave evitar presiones como incendios forestales o pastoreo excesivo.
El estudio subraya la importancia de integrar información genética y climática para diseñar estrategias de conservación en especies que viven en la cima de montañas, uno de los hábitats más vulnerables ante el calentamiento global.