El enigma del lucumillo: Pequeñas variaciones de humedad en el suelo definen su supervivencia
Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación liderada por científicas del IEB y la Universidad de La Serena reveló que la heterogeneidad hídrica a microescala es clave para la reproducción del Myrcianthes coquimbensis.
El lucumillo (Myrcianthes coquimbensis) es mucho más que un arbusto de origen tropical adaptado al desierto costero de Chile. Es un tesoro biológico cuya distribución se limita a una franja de menos de 100 kilómetros cuadrados en la Región de Coquimbo. Sin embargo, su supervivencia guarda un misterio: ¿por qué algunos ejemplares florecen con vigor mientras otros, situados a solo metros de distancia, permanecen estériles durante años?
Para resolver esta interrogante, un equipo liderado por la Dra. Andrea Loayza, investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y de la Universidad de La Serena, llevó a cabo un estudio publicado en la revista científica Frontiers in Ecology and Evolution. La investigación demuestra que pequeñas variaciones en la humedad del suelo funcionan como un «filtro ecológico» que determina el destino reproductivo de la especie.
«Veíamos que algunos ejemplares florecían siempre, mientras que otros no lo hacían, incluso estando a tres o cuatro metros de distancia. Queríamos entender qué estaba ocurriendo bajo condiciones aparentemente similares», explica la Dra. Loayza.
El «filtro» que decide quién florece
Durante 15 meses, los investigadores monitorearon una población de lucumillos en la zona de transición entre el desierto costero y el matorral mediterráneo, específicamente entre Totoralillo y Las Tacas. Mediante el uso del indicador Water Stress Integral (WSI), el equipo cuantificó el estrés hídrico acumulado en 20 plantas adultas.
El resultado fue que, incluso a una escala local mínima, la disponibilidad de agua varía lo suficiente como para generar trayectorias biológicas opuestas. Aquellas plantas con mejor acceso a la humedad mantienen una mayor tasa de fotosíntesis y logran superar un umbral crítico de estrés hídrico, permitiéndoles florecer. En contraste, los ejemplares en puntos más secos entran en un estado de mera supervivencia, sin energía para producir flores ni semillas.
Un futuro amenazado por el clima y la presión inmobiliaria
La falta de floración no es solo un fenómeno biológico, sino también una amenaza directa a la persistencia de la especie. Si no hay flores, no hay semillas, y sin semillas, la regeneración natural del lucumillo se detiene. Según la Dra. Loayza, esta situación se vuelve crítica ante las proyecciones de cambio climático para la zona norte, donde se espera un aumento de la aridez y sequías más severas.
Además del clima, el estudio identifica que las poblaciones más vigorosas del lucumillo se encuentran en áreas como Totoralillo, que coinciden precisamente con las zonas de mayor presión por el desarrollo inmobiliario costero. Mientras tanto, hacia el norte, donde el hábitat está menos intervenido, las condiciones naturales son más áridas, lo que reduce la capacidad reproductiva de las plantas.
Pese a estar clasificado como en peligro de extinción, el lucumillo aún enfrenta vacíos legales para su protección efectiva, ya que todavía no es incorporado plenamente en ciertos decretos de protección ambiental (DS N°68). No obstante, iniciativas como el Plan RECOGE Lucumillo y programas de educación ambiental como «Yo cuido al lucumillo» buscan mitigar estas amenazas y relevar el rol ecológico de la especie, que provee alimento a polinizadores y fauna nativa, como el degú, en periodos de escasez.
«Para conservar estas especies en ecosistemas áridos, no basta con mirar el clima regional. Es necesario observar lo que ocurre entre individuos, a pocos metros de distancia», concluye la investigadora del IEB.