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Estudio revela que la primera menstruación deja marcas en los huesos

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Tiempo de lectura: 2 minutos La investigación, desarrollada por especialistas de la Universidad de Burgos, identificó un nuevo marcador óseo asociado a la menarquia en restos humanos de entre los siglos XIV y XVIII.

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La primera menstruación puede dejar huellas permanentes en el cuerpo. Así lo reveló un estudio desarrollado por investigadoras del Laboratorio de Evolución Humana de la Universidad de Burgos, que descubrió un marcador óseo capaz de identificar si una persona ya había atravesado la menarquia.

El hallazgo se realizó a partir del análisis de la estructura interna del fémur en restos humanos datados entre los siglos XIV y XVIII. Gracias a esta investigación, las científicas pudieron identificar cambios específicos en el crecimiento de los huesos asociados al inicio de la menstruación y estimar que, en estas poblaciones históricas, la edad promedio de la primera regla rondaba los 15 años.

El estudio, publicado en la revista científica The Anatomical Record, abre nuevas posibilidades para comprender no solo aspectos biológicos del desarrollo femenino en el pasado, sino también elementos sociales, nutricionales y ambientales que influían en la vida de niñas y adolescentes.

Cómo la menstruación modifica el crecimiento óseo

Según explicaron las investigadoras Julia Muñoz-Guarinos y Rebeca García González, la llegada de la menarquia provoca cambios hormonales que modifican la forma en que crecen los huesos.

El estudio concluyó que, tras la primera menstruación, los huesos femeninos comienzan un proceso denominado «contracción medular«, donde el crecimiento se produce hacia el interior del hueso. Esto hace que el tejido óseo se vuelva más compacto y reduzca el espacio interno.

Las especialistas señalaron que este cambio está relacionado con el aumento de estrógeno y que constituye un marcador «muy preciso«, aunque difícil de detectar sin técnicas específicas de análisis.

 El análisis de los restos humanos

Para desarrollar la investigación, el equipo analizó 75 fémures, 46 infantiles y 29 adultos, provenientes de restos hallados en el Monasterio de San Pablo, en Burgos.

Las investigadoras utilizaron tomografía computarizada (TAC), lo que permitió estudiar el interior de los huesos sin dañarlos. Gracias a esta técnica, lograron observar diferencias en la estructura ósea asociadas al desarrollo biológico femenino.

El estudio también plantea que este tipo de análisis puede ayudar a reconstruir condiciones de vida del pasado, ya que factores como la alimentación, la salud durante la infancia, la genética o la actividad física influyen directamente en la llegada de la menarquia.

Más allá de la biología

Las autoras destacan que comprender cuándo ocurría la primera menstruación en poblaciones históricas también entrega información social y cultural relevante.

En muchas sociedades, la menarquia representaba un cambio de estatus para las mujeres y podía modificar sus expectativas de vida, su relación con el matrimonio o incluso la maternidad temprana.


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