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Misteriosa mandíbula confirma presencia inédita de rayas toro en aguas del Caribe

Misteriosa mandíbula confirma presencia inédita de rayas toro en aguas del Caribe

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Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio identificó el primer registro moderno del género Aetomylaeus en el Caribe y el Atlántico occidental que podría cambiar lo que se sabe sobre la distribución de estas rayas marinas.

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Durante años, las rayas del género Aetomylaeus, conocidas comúnmente como rayas toro, fueron consideradas ausentes del Caribe y de la costa atlántica de América. Sin embargo, una investigación publicada en Gulf and Caribbean Research documentó un hallazgo que desafía esa idea y abre nuevas preguntas sobre la biodiversidad marina de la región.

El estudio analizó una mandíbula recuperada tras la captura incidental de un ejemplar adulto frente a las costas de Chichiriviche, en Venezuela. La pieza fue conservada en una colección científica y, años más tarde, permitió identificar características morfológicas compatibles con este enigmático grupo de rayas.

La investigación contó con la participación del Dr. Jaime Villafaña, académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), junto a especialistas de Brasil, Chile y Venezuela, quienes compararon el material con especies actuales y fósiles para determinar su posible origen.

Una mandíbula que desafía lo conocido

Las rayas toro son especies marinas de gran tamaño y hábitos poco estudiados, reconocidas por sus placas dentales adaptadas para alimentarse de moluscos y otros organismos de concha dura. Hasta ahora, no existían registros modernos confirmados de este género en el Caribe.

«Este hallazgo es relevante porque entrega evidencia morfológica de un grupo que se pensaba ausente de esta región. La mandíbula posee características que permiten asignarla al género Aetomylaeus, pero no todavía a una especie en particular, debido a la variabilidad que existe en la dentición de estas rayas», explicó el Dr. Jaime Villafaña.

El ejemplar fue conocido localmente como «chucho verde» y llamó la atención de pescadores artesanales por su tamaño y coloración. Aunque no se conservaron fotografías ni muestras biológicas, las placas dentales fueron resguardadas, permitiendo su posterior análisis científico.

Las características observadas en la mandíbula, como la forma de los dientes centrales y las hileras laterales comprimidas, coinciden con las descritas para Aetomylaeus y se diferencian de otros géneros de rayas águila presentes en la región.

Hipótesis para explicar su presencia

A partir de los resultados, los investigadores plantean distintas explicaciones para este registro. Una de ellas sugiere la existencia de una población relicta que habría permanecido en el Caribe desde antes del cierre del istmo de Panamá, hace aproximadamente tres millones de años.

Otra posibilidad apunta a que se trate de un ejemplar errante proveniente del Atlántico oriental, debido a sus similitudes con la especie Aetomylaeus bovinus. Una tercera hipótesis plantea un escenario más excepcional: un posible caso de hibridación entre distintas rayas águila presentes en la región.

«Por ahora, la evidencia disponible permite sostener que se trata de un registro putativo de Aetomylaeus en el Caribe. Para confirmar su identidad específica será necesario obtener nuevos ejemplares, fotografías y tejido. Aun así, este tipo de hallazgos muestra cuánto queda por conocer sobre la biodiversidad marina del Caribe sur», señaló el biólogo marino Luis Zambrano-Vizquel, autor del trabajo.

El valor de las colecciones científicas y el trabajo local

La mandíbula permaneció resguardada durante años en una colección científica venezolana hasta que pudo ser revisada por especialistas, demostrando cómo materiales aparentemente aislados pueden transformarse en información clave para la ciencia.

«Nuestros próximos pasos son establecer colaboraciones con pescadores en la zona, estar atentos a nuevas capturas de esta misteriosa raya, y levantar toda la evidencia posible con tal de revelar su enigmática identidad«, afirmó Diego Almendras, biólogo marino del Proyecto Raya Águila y coautor del estudio.

Para los investigadores, el hallazgo demuestra que aún existen importantes vacíos de conocimiento sobre la fauna marina sudamericana y que la colaboración internacional, junto con el resguardo del patrimonio científico, sigue siendo fundamental para comprender la biodiversidad de los océanos.


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