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Investigación chilena propone nuevas estrategias para la sostenibilidad de las algas

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Tiempo de lectura: 4 minutos Una investigación liderada por la Universidad Católica del Norte (UCN) y el Instituto Milenio SECOS analiza cómo factores económicos, de género y climáticos determinan la sostenibilidad de una industria que produjo más de 426 mil toneladas en 2025.

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Más allá del liderazgo pesquero que ostenta Chile, gracias a sus cinco mil kilómetros de costa, en los últimos años también se ha consolidado como el principal productor de algas en el continente. De hecho, el 2025, la producción de algas en Chile alcanzó las 426.543 toneladas, y de ello, casi el 85% provino directamente de la extracción, lo cual revela una compleja interacción entre ecosistemas y actividad económica.

Analizar esa relación fue el objetivo que se pusieron la Universidad Católica del Norte (UCN) y el Instituto Milenio SECOS. Porque detrás de las cifras hay vulnerabilidades que observar y acciones que regular.

El artículo indaga en la actividad a través del marco de Sistemas Socio-Ecológicos (SES), para analizar cómo las interacciones influyen en resiliencia, vulnerabilidad y sostenibilidad, demostrando que la supervivencia de los bosques de algas (como el huiro) y la calidad de vida de las comunidades costeras no dependen de un solo factor, sino de una compleja red interconectada donde interactúan ecosistemas, fluctuaciones del clima, la gobernanza pesquera y la demanda de los mercados internacionales.

Tal como lo explica la directora alterna del Instituto Milenio SECOS, y académica del Departamento de Biología Marina de la UCN, Pilar Haye, la idea central fue analizar la actividad en toda su complejidad, abordando todas las dimensiones para construir una mirada integral puesto que «al sintetizar la evidencia científica, la información gubernamental y el conocimiento institucional y local, logramos generar bases que puedan informar futuras políticas públicas y estrategias de manejo».

Cobre versus Algas

Una característica particular del estudio que fue publicado en la Revista Chilena de Historia Naturales la influencia de la actividad terrestre en la zona costera. Por ejemplo, la correlación entre el precio del cobre y la intensidad con la cual se extraen algas pardas en el Norte Grande del país.

Cuando el precio del cobre cae, el desempleo aumenta en las regiones mineras, empujando a trabajadores locales y migrantes a la recolección de huiro como un «salvavidas» económico temporal. En cambio, cuando el cobre repunta, la presión extractiva sobre los bosques submarinos disminuye, permitiendo la recuperación ecológica del recurso.

En ese sentido, Nicolás Latorre, investigador postdoctoral UCN y del Instituto Milenio SECOS, explica que «la economía genera muchos movimientos sociales y la minería, que es el ingreso más potente del país, no es la excepción. Esto demuestra que el manejo de algas no depende solo de lo que ocurre en la costa y en las comunidades locales, sino también de factores económicos distantes. Por eso es importante tener una mirada más holística, considerando tanto los aspectos ecológicos como los socioeconómicos».

Cuánto valen las algas

Otro de los puntos en los cuales pone foco la investigación, es en el desafío en relación a la desigual distribución de las ganancias a lo largo de la cadena de valor. Hoy, cerca de 84.000 personas están inscritas en el registro pesquero artesanal ligadas a la actividad alguera. A pesar de que son los algueros, algueras y buzos quienes asumen todo el riesgo laboral y la volatilidad de los precios, son el eslabón que menor beneficio económico recibe.

Esto se explica porque el mercado nacional opera como un exportador de «materia prima seca y picada de bajo valor agregado» –commodity-, con destino a países como China, Filipinas e Indonesia, donde luego de procesa para la fabricación de espesantes, geles alimenticios y cosméticos. Entonces, en ese escenario, tanto el poder de negociación y las mayores utilidades se quedan en los intermediarios y las grandes empresas exportadoras, lo que perpetúa la vulnerabilidad de la pesca artesanal.

Sobre esto, Pilar Haye sugiere que «para que una mayor parte de ese valor quede en las comunidades costeras, es importante promover el procesamiento local, desarrollar productos con valor agregado y diversificar los mercados locales, incluyendo el consumo nacional».

El género de la costa

En términos de género, la realidad es así. Las mujeres representan el 29% de la fuerza recolectora artesanal a nivel nacional. Sin embargo, históricamente han enfrentado políticas «ciegas al género» que las han excluido de fondos públicos y capacitaciones técnicas.

No obstante lo anterior, hoy, las mujeres están liderando la innovación del sector a través de productos con valor agregado, como snacks, mermeladas y cosméticos a base de algas. Y además, han tomado las banderas de la gobernanza, ocupando actualmente cerca de 1.190 cargos directivos en organizaciones de pesca artesanal.

Extracción sostenible

Como es obvio, el cambio climático, representado en marejadas y olas de calor, no puede quedarse afuera de la ecuación. En ese aspecto, el modelo extractivo chileno enfrenta una encrucijada. Porque mientras potencias como China basan su éxito en la acuicultura masiva, en Chile el cultivo comercial se estanca casi exclusivamente en el pelillo –Gracilaria chilensis-, dependiendo el resto de la industria de la recolección de poblaciones naturales.

Por eso, para asegurar la resiliencia del sector, lo que proponen las conclusiones del estudio van desde potenciar las «mesas de algas», para fortalecer la gobernanza y las áreas de manejo integrando la evidencia científica al conocimiento local; revisar  estrategias de rotación espacial en áreas de libre acceso, siguiendo el ejemplo de Noruega; impulsar la acuicultura de especies nativas; hasta reducir la dependencia del mercado asiático estimulando la industria local, el consumo interno y la creación de biomateriales de alto valor agregado.

Sobre esto último, Nicolás Latorre advierte que en Chile si bien existen tecnologías de cultivo, «históricamente ha sido más barato extraer algas de poblaciones naturales que cultivarlas. Además, obtener concesiones es un proceso largo y nuestras condiciones oceanográficas son complejas. El desafío hoy es generar incentivos para que el cultivo sea una alternativa económicamente atractiva».

Amenaza climática

Finalmente, los investigadores agregan un poco de cautela. «Los bosques de huiro han demostrado capacidad de recuperación, pero el cambio climático y eventos como El Niño pueden ralentizar este proceso. Si se suma una extracción no sustentable, aumenta su vulnerabilidad. Las medidas de manejo deben adaptarse a estas nuevas condiciones para proteger el ecosistema y a las comunidades que dependen de él», dice Latorre.

Se puede concluir, entonces, que el futuro de las algas reside en, justamente, concebir la actividad de manera multidimensional para que el sistema sea equitativo e inclusivo, con una protagonismo especial de la comunidades. Que el conocimiento local y el científico se complementen mutuamente. «Hoy más que nunca necesitamos co-producir conocimiento para tomar mejores decisiones. La experiencia de las comunidades pesqueras y los cambios que observan aportan información muy valiosa que, junto con el saber científico, permitiría desarrollar estrategias de manejo más efectivas», finaliza Pilar Haye.


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