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La Flor de Chile: La historia olvidada de las pioneras que fundaron el fútbol femenino en Sudamérica

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Tiempo de lectura: 2 minutos Aunque suele creerse que la integración de la mujer en el balompié es un fenómeno reciente, la investigación histórica revela que Chile fue pionero en la región, logrando el primer club femenino del que se tenga registro en 1918.

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El fútbol nunca es solo fútbol. Tras los 90 minutos de juego en la cancha, se despliegan tensiones culturales, identitarias y sociales que funcionan como un espejo de la época. En el marco del Mundial 2026, la recuperación de la memoria histórica deportiva cobra mayor relevancia.

María Gabriela Huidobro, académica de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Andrés Bello (UNAB), destaca que la actual profesionalización del fútbol femenino es el resultado de un proceso de larga duración iniciado hace más de un siglo.

«Para entender que hoy tengamos mujeres involucradas profesionalmente, hay que retrotraerse mucho antes. Hubo otras que iniciaron este camino de manera silenciosa e invisible», explica Huidobro.

Contrario a la creencia popular que sitúa el inicio del interés femenino por este deporte a finales del siglo XX, los registros históricos indican que la semilla se plantó mucho antes. Con la llegada del fútbol a Chile a finales del siglo XIX —introducido por inmigrantes ingleses en puertos como Valparaíso y Coquimbo—, las mujeres no tardaron en pasar de las gradas al césped.

1918: El nacimiento de «La Flor de Chile»

El hito fundacional ocurrió en junio de 1918 con la creación de «La Flor de Chile», el primer equipo de fútbol femenino documentado no solo en el país, sino en toda Sudamérica. Este club no solo estaba compuesto por jugadoras, sino que era dirigido y organizado íntegramente por mujeres.

El crecimiento de este fenómeno fue explosivo: para 1919 ya se había fundado en Santiago la primera Asociación de Fútbol Femenino, impulsada por clubes surgidos en liceos de niñas y sindicatos de obreras.

A pesar de esta masificación temprana, la historia oficial omitió estos nombres durante décadas. La académica señala que esta invisibilidad no se debió a la falta de actividad, sino a que estas organizaciones operaban al margen de la institucionalidad masculina, la cual consideraba que el fútbol —un deporte de roce, fuerza y «barro»— contravenía los cánones de elegancia y fragilidad exigidos a la mujer de la época.

La Flor de Chile F.C. (La Nación, Santiago, 17/06/1919).

La Flor de Chile F.C. (La Nación, Santiago, 17/06/1919).

El quiebre de los estereotipos de género

La sociología del deporte en Chile muestra una distinción clara de clase en sus inicios. Mientras que las mujeres de la élite se inclinaban por disciplinas como el tenis, la esgrima o la gimnasia rítmica, el fútbol femenino encontró su nicho en los sectores populares.

Las trabajadoras de la industria textil y las estudiantes del sistema de educación pública fueron las principales protagonistas de esta revolución deportiva. Al estar vinculado a sindicatos obreros y barrios populares, el fútbol femenino se percibía como una práctica doblemente marginal por la élite: por ser femenina y por ser popular.

Hoy, la disputa por el espacio simbólico continúa. Huidobro menciona que, si bien una niña jugando fútbol ya no es una rareza, persisten tensiones representadas en debates actuales sobre estereotipos de género.


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