Contaminación por metales pesados reduce hasta tres veces la actividad microbiana en los suelos
Tiempo de lectura: 2 minutos Los hallazgos, que ya fueron validados en la zona de Puchuncaví, revelan un desequilibrio en los ciclos de nutrientes que impide el crecimiento vegetal y acelera la erosión.
La salud de los suelos es el motor invisible que sostiene la vida en el planeta, pero la contaminación por metales pesados está frenando su funcionamiento. Una investigación cuantificó que la presencia de metales y metaloides puede ralentizar hasta tres veces la actividad microbiana y las funciones vitales del ecosistema terrestre.
El estudio fue desarrollado por el doctor Humberto Aponte, investigador del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins (UOH). A través de un metaanálisis global —una herramienta que permite sintetizar miles de datos de investigaciones previas— el académico analizó cómo la polución afecta la actividad enzimática del suelo.
Según explica Aponte, las enzimas que operan dentro de las células microbianas (intracelulares) se ven hasta dos veces más afectadas que aquellas que actúan fuera de ellas.
«Cuando el suelo presenta altos niveles de metales, las células microbianas se ven afectadas y disminuye de manera marcada la actividad de las enzimas intracelulares, mientras que las extracelulares pueden permanecer activas gracias a su estabilización en la matriz edáfica», señala el investigador.
Esta distinción es fundamental para entender la resiliencia de los terrenos. Mientras los microorganismos mueren o se inactivan por la toxicidad de metales como el cobre, el plomo o el arsénico, las funciones básicas del suelo se degradan de manera desigual, rompiendo el equilibrio natural necesario para que la vegetación prospere.
De la tendencia global a la crisis en Puchuncaví
Los patrones identificados por el equipo de la UOH se replicaron en el Valle de Puchuncaví, una zona de sacrificio afectada por décadas de emisiones industriales en la Región de Valparaíso.
En esta zona, la contaminación ha derivado en una degradación química, biológica y física. El hallazgo principal indica que la polución retrasa de forma desigual los ciclos del carbono, azufre, nitrógeno y fósforo. Este desacople genera que, aunque exista materia orgánica en el suelo, los nutrientes esenciales permanecen en formas que las plantas no pueden absorber.
La investigación establece que esto limita el desarrollo vegetal y deja el suelo más expuesto a la erosión.
Finalmente, el estudio subraya que las soluciones genéricas ya no son suficientes. Para recuperar terrenos degradados como los de Puchuncaví, es necesario diseñar estrategias de biorremediación específicas que «reactiven la función enzimática del ciclo más afectado y permitan recuperar la funcionalidad ecológica del ecosistema».