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Investigadores secuencian por primera vez el ADN de caracoles del desierto florido

Investigadores secuencian por primera vez el ADN de caracoles del desierto florido
Caracol Bostryx. Créditos: César Pizarro, CONAF Atacama.

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Tiempo de lectura: 2 minutos Un equipo de investigadores logró descifrar el genoma mitocondrial de dos especies de caracoles terrestres que habitan el ecosistema del norte de Chile.

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Cuando el fenómeno del desierto florido transforma el paisaje de la Región de Atacama, bajo la superficie y entre la vegetación, un ecosistema también renace: el de los caracoles terrestres.

Un equipo de investigadores logró secuenciar por primera vez el ADN mitocondrial completo de dos especies nativas: Bostryx erythrostoma y Plectostylus broderipii.

El ADN mitocondrial actúa como un código de barras genético, una herramienta para identificar especies y reconstruir su historia evolutiva. En esta investigación, el equipo liderado por Roberto Contreras-Díaz de la Universidad de Atacama (UDA) logró leer íntegramente este código, identificando 37 genes en cada especie.

En el estudio, publicado en la revista científica ZooKeys, se secuenciaron 15.525 pares de bases en Bostryx erythrostoma y 14.978 en Plectostylus broderipii. Uno de los descubrimientos fue una estructura genética inusual en Bostryx. Si se imagina el ADN como un collar de cuentas, los científicos notaron que algunos genes están ordenados de una forma nunca antes vista en otras especies de su misma familia.

Esta reorganización genética, comprobada mediante diversos métodos analíticos, sugiere la existencia de una firma genética propia de estos moluscos adaptados a las condiciones extremas del norte de Chile. Además, se detectó que cerca del 70% de su composición genética está formada por las bases adenina (A) y timina (T), una característica distintiva de este grupo de gasterópodos terrestres.

Ciencia para la conservación

Hasta la fecha, ninguna de las dos especies estudiadas cuenta con una categoría oficial de conservación según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Por ello, contar con genomas de referencia es el primer paso crítico para evaluar su vulnerabilidad y proteger su hábitat.

«Cuando pensamos en el desierto florido, casi siempre imaginamos sus flores, pero ellas son solo la parte más visible de un ecosistema completo que despierta con las lluvias», señala Roberto Contreras-Díaz, investigador del Centro Regional de Investigación y Desarrollo Sustentable de Atacama (CRIDESAT) y autor principal del estudio. El experto enfatiza que estos animales han logrado adaptarse a uno de los ambientes más áridos del planeta, y este avance permite comprender cómo han evolucionado para sobrevivir allí.

De cara a la próxima temporada del desierto florido 2026, la investigación es un llamado a la protección integral del territorio. «Bajo nuestros pies también despierta la vida. Cuidar el desierto florido es proteger todo un ecosistema único, diverso y frágil», advierte Contreras-Díaz.

Este trabajo es fruto de una colaboración entre la Universidad de Atacama, la Universidad de Los Lagos, la Universidad de Concepción, CONAF y el Ministerio del Medio Ambiente, financiado por el Gobierno Regional de Atacama.


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