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El consumo de drogas es más antiguo de lo pensado: Se remontaría a 25.000 años

El consumo de drogas es más antiguo de lo pensado: Se remontaría a 25.000 años
Créditos: Brumm et al., (2026)

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Tiempo de lectura: 2 minutos Un equipo de arqueólogos identificó en Indonesia la evidencia más remota del uso de sustancias psicoactivas en la humanidad, transformando por completo la cronología histórica de las adicciones.

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Durante décadas, la arqueología situó los primeros registros del consumo humano de estimulantes en el Neolítico o la Edad del Bronce, hace unos 3.500 años. Sin embargo, un nuevo estudio liderado por la Universidad de Griffith (Australia) y publicado en la revista Science Advances, desarmó esa teoría al retrasar esta práctica a más de 25 milenios en el pasado.

La investigación se centró en los restos dentales de dos cazadores-recolectores preagrícolas descubiertos en la isla de Célebes (Sulawesi), en Indonesia. El fósil más antiguo data de entre 25.000 y 16.000 años antes del presente, mientras que el segundo corresponde al Holoceno medio, con una antigüedad de entre 7.600 y 6.300 años.

Al examinar las piezas dentales, los científicos notaron surcos profundos y redondeados que no coincidían con el patrón masticatorio habitual. Las sospechas apuntaron a la fricción constante de un elemento esférico y duro, lo que condujo las pesquisas hacia la nuez de betel.

Evidencia química en la dentadura prehistórica

Este fruto es la base de la cuarta sustancia psicoactiva más consumida del planeta en la actualidad, superada únicamente por el alcohol, la cafeína y la nicotina. Aunque su uso moderno contempla machacar la semilla con cal apagada para liberar sus alcaloides y generar euforia, los análisis químicos en los restos prehistóricos revelaron trazas directas de arecolina —el principio activo del fruto— absorbidas de forma rudimentaria.

Para comprobar su hipótesis, el equipo sumergió nueces enteras en saliva artificial y evaluó las muestras en receptores celulares humanos. El experimento demostró que el simple acto de chupar la nuez sin procesar libera suficiente arecolina para alterar la actividad neuronal y generar efectos estimulantes en el cerebro.

Alivio analgésico y daño dental severo

El hallazgo también arrojó pistas sobre las razones que impulsaron a estas comunidades a consumir el alcaloide. Los cazadores-recolectores de la zona solían sufrir severas infecciones periodontales. Dado que la arecolina posee propiedades analgésicas comprobadas, los investigadores plantean que su consumo inicial pudo haber respondido a una necesidad médica: mitigar el dolor de muelas.

No obstante, la fricción constante de la semilla sobre el esmalte desgastó los dientes al punto de dejar expuesta la cámara pulpar interna. Esta condición no solo causaba dolores intolerables y dificultades para alimentarse, sino que facilitaba infecciones crónicas, atrapando a los individuos en un círculo vicioso de consumo continuo para calmar el dolor provocado por el propio fruto.

«Esto habría sido extremadamente doloroso, habría causado dificultades para comer y habría aumentado considerablemente la tasa de infecciones dentales crónicas», señaló Adam Brumm, coautor de la publicación.


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