Estudio advierte sobre el impacto de la desinformación durante las emergencias volcánicas
Tiempo de lectura: 2 minutos Una investigación internacional analizó los mitos, narrativas catastróficas e imágenes falsas generadas con inteligencia artificial que circulan durante las erupciones. El informe llama a fortalecer la comunicación científica en períodos de calma para evitar que los rumores compliquen la gestión de riesgos.
Durante una crisis volcánica, la propagación de rumores e información no verificada puede ser tan peligrosa como el fenómeno natural. Para comprender las dinámicas comunicacionales que surgen en estas emergencias, un equipo multidisciplinario de 28 vulcanólogos de países como Nueva Zelanda, Estados Unidos, Italia, Indonesia y Chile desarrolló una investigación global para clasificar y desmontar los mitos más frecuentes que afectan a la población.
El artículo, publicado en la revista Springer Nature, analiza desde la propagación de ideas alarmistas (como la supuesta activación en cadena del Anillo de Fuego del Pacífico), hasta la desestimación absoluta de los riesgos por parte de comunidades locales. A esto se suma el impacto reciente de las herramientas de inteligencia artificial, las cuales facilitan la difusión viral de fotografías y videos falsos durante los eventos eruptivos.
En conversación con Cooperativa Ciencia, el geofísico y académico de la Universidad Católica de Temuco, Cristian Farías, explicó las motivaciones detrás de la investigación.
«En la medida que enfrentamos emergencias, la gente debe lidiar con una mayor cantidad de desinformación. Hay un grupo de mitos ligados al catastrofismo, como pensar que la erupción de un volcán gatillará actividad en otros o que se repetirán eventos de hace miles de años. Por otro lado, están quienes minimizan todo. Cuando estás gestionando una crisis, ser bombardeado por ambas posturas complica transmitir mensajes técnicos y claros», señala Farías.
El desafío de la inteligencia artificial y los mitos
El trabajo científico enfatiza que los patrones de desinformación se repiten en distintas culturas de forma casi idéntica. Creencias como la alta toxicidad inmediata de las cenizas o la predicción de erupciones mediante la interpretación informal de sismogramas son habituales en diversos continentes, dando espacio a discursos sin sustento técnico que restan credibilidad a los organismos oficiales de monitoreo.
Asimismo, los autores advierten sobre el desafío adicional que representan los contenidos generados por inteligencia artificial y algoritmos en redes sociales, los cuales dificultan la verificación rápida de datos durante el desarrollo de los acontecimientos.
«Desde que pensamos el artículo hasta su publicación, la cantidad de imágenes falsas generadas con inteligencia artificial cambió el esquema. Toma mucho más tiempo verificar si la información es real. Por eso, el paper buscó entregar una guía inicial a los colegas que enfrentan la comunicación en observatorios y centros de investigación», destaca el investigador.
Educación continua
La investigación concluye que la estrategia más efectiva para combatir la desinformación no radica en reaccionar durante el peak de la emergencia, sino en educar de manera continua en períodos de tranquilidad. Esta labor resulta crítica en zonas donde la actividad volcánica es constante pero la cobertura informativa es acotada por estar alejada de los grandes centros urbanos.
Frente a este escenario, el equipo internacional proyecta la elaboración de manuales divulgativos en lenguaje accesible y traducidos a diversos idiomas, con el fin de acercar las certezas científicas a la ciudadanía y mejorar la preparación ante futuras erupciones.