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Premio Nobel de Medicina 2026: Los pioneros de la optogenética y el poder de controlar neuronas con luz

Cooperativa Ciencia,

Tiempo de lectura: 2 minutos En conversación con Cooperativa Ciencia, el neurocientífico de la Universidad de Chile, Pedro Maldonado, explica el impacto de esta tecnología en la comprensión del cerebro y el tratamiento de enfermedades como la ceguera.

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La Real Academia de las Ciencias de Suecia otorgó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 al psiquiatra y neurocientífico estadounidense Karl Deisseroth, y a los biofísicos alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel. La distinción reconoce su papel fundacional en la creación de la optogenética, una de las herramientas más revolucionarias de la biomedicina moderna, que fusiona la ingeniería genética y la óptica para manipular células nerviosas con precisión milimétrica.

Hasta la irrupción de esta metodología, el estudio cerebral dependía de la inserción de electrodos invasivos que captaban la actividad eléctrica de forma indiscriminada. El neurocientífico Pedro Maldonado, académico del Departamento de Neurociencias de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, subraya que este reconocimiento era ampliamente esperado por la comunidad científica internacional.

«Hasta antes de la optogenética, una de las maneras de estudiar el sistema nervioso consistía en insertar pequeños sensores dentro del cerebro y estudiar la actividad eléctrica y química de las neuronas principalmente», señaló el académico.

El mecanismo detrás del encendido neuronal

El origen de la optogenética se remonta al hallazgo de proteínas fotosensibles en algas unicelulares, las cuales reaccionan de manera natural ante la luz. Hegemann y Nagel caracterizaron estos canales iónicos —conocidos como canalrodopsinas—, mientras que Deisseroth lideró su inserción en neuronas de mamíferos.

El procedimiento se apoya en vectores virales inocuos diseñados para transferir el código genético de estas proteínas a poblaciones celulares concretas. Una vez insertadas en la membrana neuronal, las proteínas funcionan como interruptores moleculares: al recibir luz láser, se abren o cierran, permitiendo el flujo de iones eléctricos que encienden o apagan la neurona a voluntad del investigador.

«Efectivamente, lo que uno está haciendo es manejar la corriente que pasa por una célula , y es esta corriente la que activa o genera la actividad eléctrica y de la sinapsis de las neuronas», agregó.

Por su parte, en conversación con el académico UDP Y director del Centro de Estudios en Neurociencia Humana y Neuropsicología, Francisco Parada, recalca que «si bien uno puede intervenir el circuito neuronal y tú incluso puedes ver que se modifica efectivamente la conducta o el proceso cognitivo, por ningún motivo esa conducta vive o es causada completamente por ese circuito. No es que ese circuito sea la emoción o sea la conducta».

De la recuperación visual a los trastornos neuropsiquiátricos

Más allá de desentrañar los misterios fundamentales de la corteza cerebral, la optogenética abre prometedoras vías terapéuticas. Uno de sus avances más tangibles se ubica en la oftalmología, específicamente en casos de ceguera provocados por la muerte de fotorreceptores.

«En la retina quedan células viables que típicamente no reaccionan a la luz. Esta técnica permite volverlas fotosensibles para que se activen con una imagen proyectada, ofreciendo un enorme potencial para recuperar la visión», destaca el investigador de la Universidad de Chile.

Asimismo, el método promete intervenir en patologías complejas como el Parkinson, el Alzheimer o la depresión mayor, al estimular circuitos con déficit de neurotransmisores o inhibir áreas hiperactivas. No obstante, Maldonado recalca que la transición clínica debe ser rigurosa: «El paso desde cultivos y modelos animales hacia pacientes humanos requiere tiempo y certezas éticas, asegurando que los tratamientos sean completamente seguros y libres de daños indeseados».


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