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Primer catastro revela el auge de la ciencia ciudadana y comunitaria en Chile

Primer catastro revela el auge de la ciencia ciudadana y comunitaria en Chile

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Tiempo de lectura: 2 minutos Un estudio liderado por el Núcleo Milenio CITEC identificó 251 iniciativas de ciencia ciudadana y comunitaria desarrolladas entre 2005 y 2025, aunque la actividad ha crecido con fuerza la mayoría de los proyectos enfrenta desafíos.

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La ciencia ciudadana y comunitaria ha experimentado un importante crecimiento en Chile durante las últimas dos décadas. Así lo demuestra el primer catastro nacional realizado por el Núcleo Milenio sobre Tecnociencia Ciudadana para la Transformación Socioambiental (CITEC) y el Instituto para el Desarrollo Sustentable de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

El estudio identificó y analizó 251 iniciativas socioambientales desarrolladas entre 2005 y 2025, convirtiéndose en el primer esfuerzo sistemático por caracterizar este movimiento a nivel nacional. La investigación permitió conocer su evolución, distribución territorial, áreas de trabajo y principales desafíos.

Los resultados muestran una expansión acelerada a partir de 2020, periodo en el que se concentra el 71% de las iniciativas registradas. Sin embargo, los investigadores advierten que este crecimiento no necesariamente se traduce en una consolidación del sector, debido a la corta duración de muchos proyectos y a su fuerte dependencia de financiamiento puntual.

Crecimiento acelerado y dependencia financiera

El informe señala que la expansión reciente de la ciencia ciudadana estuvo impulsada por factores como la masificación de plataformas digitales de monitoreo ambiental, entre ellas eBird e iNaturalist, además de los cambios generados por la pandemia, el movimiento social de 2019 y la aparición de nuevas fuentes de financiamiento.

Pese a ello, la estabilidad sigue siendo una de las principales debilidades del sector, cerca del 40% de las iniciativas tiene una duración inferior a dos años y más de la mitad depende de una única fuente de financiamiento. Esta situación dificulta la continuidad de los proyectos y limita la generación de datos ambientales de largo plazo.

Según el análisis, el desafío ya no es aumentar el número de iniciativas, sino fortalecer las condiciones institucionales y económicas que permitan sostenerlas en el tiempo y ampliar su impacto en los territorios.

Biodiversidad y monitoreo ambiental

El 65% de las iniciativas registradas se enfoca en biodiversidad, mientras que áreas como justicia ambiental, calidad de vida o conflictos socioambientales presentan una participación considerablemente menor.

Casi la mitad de los proyectos incorpora algún tipo de seguimiento ambiental, destacando especialmente el interés por la calidad del agua y la observación de ecosistemas.

El estudio también muestra una distribución territorial más descentralizada que la observada en otros ámbitos científicos. Las regiones de Biobío, Valparaíso y Los Lagos concentran la mayor actividad, aunque las zonas extremas del país continúan subrepresentadas.

Participación comunitaria marca la diferencia

Uno de los hallazgos más relevantes del catastro apunta a que el éxito de las iniciativas depende principalmente del modelo de participación utilizado. Los proyectos colaborativos y cocreados, donde las comunidades participan activamente en el diseño y análisis de la investigación, son los que generan resultados más sólidos y sostenidos en el tiempo.

Aunque sigue siendo minoría, solo el 18% de las iniciativas adopta modelos de cocreación, pese a que los análisis muestran que son los que logran mayores niveles de monitoreo sistemático e impacto territorial.

Asimismo, solo el 36% de los proyectos son liderados por mujeres, sin embargo, estas iniciativas destacan por desarrollar enfoques más participativos, territoriales y orientados al trabajo colaborativo con las comunidades.

Para los autores, el principal reto de la ciencia ciudadana chilena es avanzar desde el crecimiento cuantitativo hacia la construcción de capacidades que permitan fortalecer la participación efectiva de las comunidades y aumentar su incidencia en la toma de decisiones ambientales y territoriales.


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