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Científicos descubren en el Desierto de Atacama una enzima capaz de degradar plásticos

Científicos descubren en el Desierto de Atacama una enzima capaz de degradar plásticos

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Tiempo de lectura: 2 minutos Investigadores del Centro de Biotecnología y Bioingeniería (CeBiB) de la Universidad de Chile identificaron la enzima PETS26b, la cual posee la capacidad de descomponer uno de los polímeros más contaminantes del planeta.

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Un equipo liderado por el investigador Sebastián Rodríguez, del Centro de Biotecnología y Bioingeniería (CeBiB) de la Universidad de Chile, logró la identificación y caracterización de una enzima bacteriana, proveniente del Desierto de Atacama, capaz de degradar el tereftalato de polietileno (PET).

El PET es el material predominante en botellas de bebidas, envases y fibras textiles, con una durabilidad que lo convierte en un desafío ambiental. El estudio publicado en la revista científica Protein Science demuestra que los microorganismos adaptados a condiciones extremas —como la altísima radiación y la sequedad extrema del norte chileno— poseen herramientas moleculares con un potencial para actuar sobre plásticos.

El equipo exploró genomas de microorganismos extremófilos del Desierto de Atacama, identificando 27 enzimas candidatas con potencial para actuar sobre plásticos, de las cuales la PETS26b destacó sobre el resto.

«La PETS26b mostró una mayor actividad en la degradación de ésteres sintéticos y de PET en polvo en ensayos iniciales. Este desempeño superior nos permitió priorizarla y profundizar en su estudio, con el objetivo de evaluar su potencial y también para resolver la pregunta de qué función realmente podría cumplir esta enzima en los microorganismos de donde proviene», explica Sebastián Rodríguez.

La enzima elegida entre decenas de candidatas

Los resultados confirmaron que esta enzima es un biocatalizador eficiente y que, además, posee una flexibilidad estructural propia de organismos adaptados a bajas temperaturas.

«Una de las formas más eficientes para encontrar compuestos novedosos, por ejemplo antibióticos, anticancerígenos o enzimas, es recurrir a microorganismos que habiten ambientes extremos, como grandes profundidades marinas, la Antártica, el Desierto de Atacama -el más seco del planeta, con altísima radiación, altas concentraciones de sales y temperaturas extremas- o incluso el planeta Marte, que es nuestra próxima apuesta«, enfatizó Juan Asenjo, director del CeBiB y Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas.

El secreto detrás de la degradación de plásticos

Dado que el plástico PET es un invento humano reciente en términos evolutivos, era poco probable que las bacterias de Atacama hubieran evolucionado específicamente para «comer» plástico en un ambiente tan prístino.

La investigación determinó que la capacidad de degradar PET es una consecuencia de la «promiscuidad enzimática» (la capacidad de actuar sobre distintos sustratos). Según el análisis del contexto genómico, la función original de la PETS26b está vinculada al metabolismo de carbohidratos y la degradación de biomasa vegetal.

«Los microorganismos no necesitan largos periodos evolutivos para interactuar con materiales recientes, sino que pueden aprovechar capacidades preexistentes», señala Rodríguez. En este sentido, la enzima confunde el polímero sintético con compuestos naturales, permitiendo su transformación incidental.

Este hallazgo contó con la participación de la Universidad de Recursos Naturales y Ciencias de la Vida (BOKU) en Austria para la producción de las proteínas, y con la Universidad Técnica de Dinamarca (DTU) para caracterizar el efecto de la cristalinidad del plástico en su degradación.


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